I'm Here

Dado que los seres humanos tenemos un sistema inmunológico muy particular, difícilmente compatible, los amantes que llegada la enfermedad desearían entregarse el corazón o los riñones sólo pueden hacerlo simbólicamente, en las rimas de sus poesías. Entre los anticuerpos, los glóbulos blancos y el galimatías de los grupos sanguíneos, el empeño de donar los órganos se vuelve casi imposible, y por eso han de conformarse con intercambiar fluidos en los arrebatos de pasión.



    Los robots, en cambio, cuando se dan, cuando se entregan, no sufren estas barreras infranqueables de la química orgánica. En I'm here, Spike Jonze imagina una ciudad de Los Ángeles donde los robots y los seres humanos compartimos aceras y transportes públicos, aunque aún estamos muy lejos de la ciudad caótica y futurista que nos enseñaba Blade Runner. En el cortometraje de Jonze, los robots son obviamente robots, toscos y envarados, y nada tienen que ver con los Nexus 6 indistinguibles del ser humano que capitaneaba el malogrado Roy. Sheldon es un cabeza cuadrada que sin ser alemán, ni el guiñol de Louis Van Gaal, trabaja ordenando libros en una biblioteca pública. Un día, al salir del trabajo, conocerá a la guapa, intrépida, conducta ilegal, Francesca, que es una robota de formas muy sexys bajo el ropaje, y de voz irresistible bajo el fuselaje. Pero Francesca, ay, por la que Sheldon está enamorado hasta sus huesos de titanio, está fabricada en materiales muy frágiles, casi de porcelana, o de ganga de bazar chino, así que en cada incursión por la noche loca, por la luna amatoria, ella irá perdiendo partes de sí misma que el bueno de Sheldon tratará de sustituir con las suyas propias.



    No es la primera vez que vemos este cibernético altruismo en una pantalla. Sin llegar a ser amantes -¿o sí?- C3PO ya ofrecía sus propios circuitos para restañar las lesiones de R2D2 cuando bajó del X-Wing que destrozó la Estrella de la Muerte. Suponemos que en la galaxia lejana -como en la galaxia más próxima de Spike Jonze- los sistemas cibernéticos estaban estandarizados, y que el amor entre los seres no orgánicos también podía llegar a estos paroxismos de entrega y sacrificio...


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