Carlos Pumares. Un grito en la noche

Cuando supe de su existencia, pensé que el libro Carlos Pumares: un grito en la noche, estaría descatalogado, y que tendría que volverme loco en internet para conseguirlo, pagando, tal vez, un precio desorbitado por lo que debía de ser un libro de culto. La Biblia Pumariana, seguramente, para los cuarentones que le escuchábamos en la adolescencia, robándole horas al sueño para dedicárselas al cine, o al Monolito, a lo que surgiera de aquellos micrófonos imprevisibles, que podían ser recetas de cocina o  llamadas a la rebeldía ciudadana contra el gobierno.

    (Luego, con los años, cuando supimos algo más de política, descubrimos que Carlos Pumares era un anarquista de derechas reaccionario y vociferante, y de pronto ya no nos hacían tanta gracia sus teorías sobre la iniquidad de los impuestos, o la sacrosanta voluntad de los empresarios. Peccata minuta, en todo caso, para un tipo que nos regaló la pasión por el cine como Prometeo nos regaló el fuego en los albores. El día que empecemos de una puta vez la Revolución, al Pumares lo indultaremos, y le haremos rezar tres himnos de Riego en penitencia, y luego le investiremos como Ministro de la Cosa Ésa del Cine, como él mismo decía).




    Para mi sorpresa, encontré el libro en una sitio online que todo el mundo conoce -incluso los ex-lectores como yo- y comprendí que éramos muchos los que todavía sentíamos curiosidad por el personaje, y estábamos dispuestos a pagar 16 euros para satisfacer nuestra curiosidad de ex oyentes de su programa. ¿De dónde venía Carlos Pumares? ¿Cómo se gestó su Polvo de Estrellas? ¿Por qué duró tan poco el experimento en la televisión? ¿Qué pintaba don Carlos haciendo el indio en Crónicas Marcianas? ¿Dónde estaba ahora el tipo que nos hizo reír como cosacos en las madrugadas de los gamberros, que malogró nuestras vidas para siempre convirtiéndonos en trasnochadores de la radio y de la vida?  

    El libro es una larga entrevista con Carlos Pumares que interrumpen, de vez en cuando, las personas que le conocieron -colaboradores, amigos, ex amigos, gentes del cine- para hablar no siempre bien de su persona. Supongo que así sería cualquier libro cabal que escribiesen sobre nosotros: una de cal y una arena; un piropo y un sopapo; una alabanza y un afeamiento. La vida misma. Uno transita por el libro aclarando las dudas que tenía, y en ese aspecto es casi como leer una historia general de la radio, y de la televisión, y de la crítica cinematográfica, allá por los años de Maricastaña. En otros momentos, a uno se le escapa la sonrisa cuando recuerda llamadas legendarias, réplicas del Pumares, todo aquel sarao de oyentes pesados y maleducados que al final terminaron hundiendo su programa.



    Pero, queda, al final, un poso triste tras la lectura. Pumares se autodescribe como un ser solitario, medio amargado, dejado de lado por todos los que una vez consideró amigos, o al menos compañeros. En el año 2007, fecha de publicación del libro, ya nadie contaba con él para nada serio: blogs ignotos de internet; paseíllos por televisiones cutres; charlas en pueblos perdidos; críticas de cine para los periódicos del facherío... Una mierda, con perdón. Pura supervivencia. Un final indigno para el hombre que muchos cinéfilos de mi quinta consideramos un maestro, y un referente, aunque suene tan manido como cursi. Pumares era divertido, culto, atrabiliario, ingenioso, didáctico, puñetero, leído, facha, insoportable, entrañable. Irrepetible.

- ¿Y el contacto con la gente?
- Me hago mayor y cada vez más raro. Y como he sido hijo único y siempre he estado a gusto solo, pues el sentimiento se agudiza. No tengo problemas por estar solo. Me gusta. 


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