Veep. Temporada 6

Basta con abrir el periódico cada mañana para darse cuenta de que en política, para llegar a lo más alto del escalafón, no se precisa tener una inteligencia preclara. Hay algunos, y algunas, que presumen de tener sinapsis muy funcionales en las cúspides del poder, pero no constituyen, ni de lejos, la mayoría de los elegidos. Para encabezar las listas electorales se pueden presentar otros argumentos y otros poderes: la ausencia de escrúpulos, la belleza física, la labia seductora... El conocimiento preciso de los engranajes del partido. La inteligencia, si no está presente en el candidato, pueden suplirla sus asesores. Lo más granado de los licenciados en el arte mentir al populacho está puesto al servicio de esos mentecatos que comparecen ante los micrófonos.



     ¿Pero qué sucede cuando los asesores tampoco están a la altura, y sus estupideces se suman a la estupidez del mandamás, y se hace evidente que todo es una tomadura de pelo, un sainete que protagonizan cuatro caraduras con corbata? ¿Una comedia que se representa ante nuestras narices mientras alguien -el compinche- nos roba la cartera y la dignidad? Pues que tenemos, si nos vamos al periódico de hoy mismo, o de cualquier otro día, varias páginas de enredos muy consabidos. Políticos y políticas con dos dedos de frente muy justitos -y eso según los peinados- que llevan meses, y años, regurgitando los mismos argumentos que cada mañana les presentan sus ayudantes. Y que tenemos, si ponemos el televisor para echarnos unas risas, a la ex vicepresidenta de los Estados Unidos, Selina Meyers, en la sexta entrega de sus cómicas desventuras.

    Despojada de la presidencia y curada de su depresión, nuestra veep se afana por limpiar el buen nombre de su mandato fundando bibliotecas, liberando a los tibetanos y prestando atención a los colectivos marginales que jamás entraron en su Despacho Oval. El problema de Selina Meyers -que es tan vivaracha como boba, tan activa como metepatas, tan orgullosa como ineficaz- es que vive rodeada de unos asesores que lejos de salvarla el culo en las situaciones más comprometidas, la meten en nuevos laberintos que ahondan su impostura, y su estupidez. Selina, la veep, es tan parecida a la mayoría de nuestros políticos nacionales -tan corta, tan falsa, tan mezquina- que sigo sin entender por qué hay gente que se pone a ver la serie y se la toma como una comedia, como una exageración. No me río de lo puro esperpéntica que es, llegan a decirme. No sé. No comparto su distancia, su incredulidad. Veep, aunque sea una obra de ficción, es un reality muy crudo sobre los políticos que nos dan por el culo cada día. Porno muy duro.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com