Tiempos modernos

El día uno de mayo, navegando por la red en busca del socialismo perdido, me encontré con Charlot encabezando una manifestación de obreros que pedían trabajo y justicia. Unos obreros de los de antes, de los fetén, mal encarados, mal afeitados, lectores de Marx o de Bakunin que vestían pantalones de pana, camisas ajadas y viseras de estibadores portuarios. Los proletarios del mundo, los auténticos. que entonces sí que marchaban unidos. El fantasma que recorría Europa -y las Américas- ululando el apocalipsis de los ricos, y el San Martín de los privilegiados. Qué tiempos tan duros, pero tan felices, como diría María Teresa Campos.



    Tardé varios segundos en asociar la imagen de Charlot enarbolando una bandera roja con Tiempos modernos, quizá porque la película, en los tiempos de ahora, se ha visto reducida al póster que venden en todos los centros comerciales: uno en el que Chaplin sale enredado en las ruedas dentadas de la factoría. Qué gracioso, Charlot, con su bigotito, con su sonrisa de panoli, pasándolas canutas entre los engranajes. Qué comediante, y qué resalado. Hay que ver con qué gracia denunciaba los excesos del capitalismo salvaje, que es una ideología muy mala, muy perversa, felizmente extinta en el siglo XXI, no como el capitalismo de ahora, el justo, el benefactor, el que se preocupa por la gente humilde. El que nos da de comer, y nos garantiza las pensiones. Y nos lleva de excursión.



    A ese discurso rastrero, maloliente, institucionalizado. ha quedado reducido el esfuerzo de Chaplin en Tiempos modernos, que es pura dinamita, pura revolución. Casi una subversión. Comunismo de rock duro, de movida bolchevique. No me extraña que revisando su filmografía terminaran por echarle de Estados Unidos, él que siendo millonario nunca olvidó sus orígenes en la miseria londinense de Oliver Twist. En eso se ha convertido Tiempos modernos: en un chiste visual, en un póster para las habitaciones, como se quedó el Che Guevara en la fotografía de Korda, o la decisión histórica de Lenin en una momia para los turistas. A Charlot, en Tiempos modernos,  el capitalismo -que siempre es salvaje porque no reconoce más autoridad que el beneficio- le da hostias por todos los lados. Del derecho y del revés. A Charlot le explotan, le malpagan, le encierran en la cárcel cuando protesta. Le confunden con un ladrón, con un vividor, con un parásito social.

  Madero, es la fuerza policial/Madero, al servicio del capital/Madero, mercenario beligerante/El perro de presa de la clase dominante, que cantaba Arma X con el beneplácito de Los Chikos del Maíz.

    Charlot, en la película, sólo quiere trabajar honradamente. Ganarse unas perras para comprar la casita humilde donde piensa acostarse cada noche con la vagabunda Paulette Goddard, que es muy joven, y está de muy buen ver, y le ilumina la vida con su sonrisa de amanecer. "Saldremos adelante", es el mantra que guía los esfuerzos de Charlot. Y es cierto, además: la clase obrera siempre se las arregla para salir adelante. Nace, muere, y entre medias, de un modo u otro, en cualquier época y circunstancia, logra reproducirse. Y el sistema, que aprieta pero no ahoga, aplaude regocijado. Los esclavos siempre son necesarios, y bienvenidos. El ciclo de la vida.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com