Y tu mamá también

Para los muchachos que sólo piensan en follar, el mundo es un ruido de fondo. Un manchurrón de colores. Un telón de fondo para el teatro pornográfico que protagonizan en su cabeza. Un decorado tan intrascendente como aquellos que ponían Hannah-Barbera en las locas persecuciones de sus dibujos animados. Salir de la adolescencia masculina -que no es una tarea fácil, ni un logro universal- significa tomar conciencia de ese mundo exterior que tiene sus problemas económicos, sus políticos corruptos, sus naturalezas arruinadas. Sus gentes, a veces muy cercanas, con enfermedades serias y problemas morrocotudos. Hacerse adulto es casi como volver a nacer: abrir los ojos, y destaponar los oídos. Quitarse las gafas de rayos X que sólo desnudaban los cuerpos y buscaban la oportunidad; bajar el volumen del martillo neumático que taladraba la cabeza con el estruendo monótono del deseo.



    En Y tu mamá también, Tenoch y Julio son dos adolescentes atrapados todavía en esa esclavitud. Dos intrépidos hormonados que aprovechan sus vacaciones para recorrer México en un cascajo de automóvil. Buscan playas paradisíacas donde lucir el body y beber tequila hasta el amanecer. Y de paso, si encuentran chavalas predispuestas, sumarlas a la fiesta loca de su juventud. Pero en su camino se cruza Luisa, y el dúo se convierte en triángulo, y la camaradería, en rivalidad. Luisa es una mujer adulta, bellísima, a la que conocen por estar casada con un primo de Tenoch. Les separa la edad, la madurez, la vida entera. Pero Luisa, contra todo pronóstico, sin desvelar sus intenciones, se suma a la fiesta de su viaje por México, y ellos, por supuesto, obnubilados por el deseo, le hacen un hueco en su tartana. Ahí empieza una road movie donde ninguno de los protagonistas ve más allá de su narices. Julio y Tenoch conducen cegados por esa mujer voluptuosa que además les incita, y se muestra generosa en las noches de los moteles. Y ella, Luisa, cuando ellos no están presentes, aprovecha para llorar su desgracia y su dolor, y las lágrimas le nublan la visión de cuanto sucede a su alrededor. Ahí afuera, en las carreteras, en los poblados, México se desangra de pobreza. Ellos no escuchan la voz en off que nosotros, los espectadores, sí escuchamos. Gracias a ella conocemos las desgracias de esos personajes que el trío se va cruzando sin atender, sin escuchar, cada uno sumido en sus graves asuntos. El sexo, y la muerte. 



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