El fundador

Siempre que escucho la palabra "emprendedor" me entra un escalofrío por la espalda. Y ahora los sufro continuamente, porque estos tipos están muy de moda, y vienen jaleados por los tecnócratas, y hasta los políticos quieren convertirlos en una asignatura obligatoria para la ESO, Nosequé del Espíritu Emprendedor y Empresarial, en las autonomías donde los poderes públicos han dimitido de sus funciones y el grito de guerra es "sálvese quien pueda". Abres los periódicos, lees las noticias, escuchas las tertulias, y todo es un aplauso al emprendedor armado de corbata y maletín. El ejemplo a seguir, el macho a imitar, la hembra a reivindicar. El homo economicus del futuro. Lo que no dicen estos apologetas es que sólo triunfa un aventurado de cada cien, y que ése, el que se enseñorea sobre la pila de cadáveres y se golpea los pectorales como un mono ganador, suele ser un tipo de escrúpulos más bien escasos. Un fulano -o fulana- que funda una empresa, paga una mierda a sus empleados, evade impuestos por la puerta de atrás y luego, con los réditos acumulados, se compra un yate, un jet privado y dos o tres bellezones del último catálogo de lencería exclusivísima.




    El fundador cuenta las andanzas empresariales, emprendedoras, maletinescas, de Ray Kroc, el vendedor fracasado que un día conoció el McDonald's nº 1 en San Bernardino, se quedó con la boca abierta, tuvo una revelación casi religiosa al contemplar los aros dorados sobre el restaurante -como arcoiris celestiales. o aureolas de santidad- y con la fe ciega de un San Pablo de las hamburguesas convenció a los hermanos McDonald's de predicar la buena nueva de su negocio por todo el país. Las hamburguesas son muy importantes en la película, y además son muy nutritivas, y muy sabrosas, para desgracia de nuestra obesidad. Pero aquí, en la aventura de Ray Kroc, en la desventura de los hermanos McDonald's, la carne picada sólo es un mcguffin que hace avanzar la película. La historia de los restaurantes es interesante, curiosa, culturilla general para los usuarios que a veces pasamos por allí, o para los renegados que cruzan de acera con gesto de asco. Pero no es el meollo de El fundador. Lo que se cocina en la película, a los grados exactos de fritura, a las vueltas estipuladas en la parrilla, es el propio retrato de Ray Kroc: sus esfuerzos, sus traiciones, sus sueños, sus desengaños. Sus contradicciones. El retrato nada almibarado de un emprendedor que triunfó a pesar de todo, y de todos, imponiendo su inteligencia y su santa voluntad. Sus santos cojones, y su visión mesiánica. Y por el camino, los desplumados, los engañados, los descartados. Los traicionados. Los cimientos humanos de cualquier gesta empresarial. 



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