Lolita

En la película Captain Fantastic, el personaje de Viggo Mortensen descubre que su hija adolescente está leyendo Lolita, la novela de Nabokov.

Ben: ¿Qué lees? ¿Lolita? Yo no asigné ese libro.
Hija: Estoy adelantándome.
Ben: ¿Y?
Hija: Es interesante.
Ben: "Interesante" no es una palabra. Sabes que debes intentar evitarla. Sé específica.
Hija: Es perturbador.
Ben: Sé más específica.
Hija: Hay un hombre mayor que ama a una chica...
Ben:  ... y ella sólo tiene 12 años.
Hija: Ese es el argumento. Como está escrita desde su perspectiva, uno lo comprende y hasta simpatiza con él. Lo cual es increíble... porque es esencialmente un pedófilo. Pero su amor por ella es hermoso. Pero a la vez es un truco, porque está mal. Él es viejo, básicamente la viola. Así que me hace sentir... Lo odio. Y a la vez, siento pena por él.




    Así era, más o menos, el diálogo que yo mantenía conmigo mismo mientras veía Lolita, la película de Stanley Kubrick. Una obra tan... interesante. La Lolita que impuso la MGM tenía catorce años, y estaba interpretada por una actriz muy crecidita de dieciséis, Sue Lyon, lo que marcaba distancias con la Lolita original de la novela, una nínfula de doce años prácticamente asexuada que enternecía y trastornaba al profesor Humbert Humbert. Pero el acto deleznable es básicamente el mismo: un hombre adulto secuestra a su hijastra menor de edad y la lleva sin rumbo por los moteles de carretera, no exactamente violándola, pero sí abusando de su autoridad, de su posición dominante. Es cierto, también, que la Lolita de Kubrick resulta ser más larga que ancha, y que al final ella también manipulaba al hombre maduro cegado por el deseo. Pero eso no disculpa al profesor Humbert Humbert. No lo limpia de culpa. Que sienta una punzada de deseo cuando la descubre por primera vez en el jardín es una cosa comprensible, porque el deseo es un resorte automático, bioquímico, que se escapa a nuestro control de homínidos siempre al acecho. Pero todo lo que viene después, un segundo después, es el extravío de un hombre dominado por sus bajas pasiones. Y las bajas pasiones de un hombre, cuando se  desatan y pierden el freno, pueden ser tan bajas que llegan incluso a tocar el suelo, y obligan a su dueño a arrastrarse como un gusano. 




    Y sin embargo, como le sucedía a la hija del Capitán Fantástico, uno llega a sentir pena por ese hombre de la vida destrozada, del corazón desangrado. Porque si despejamos las edades de la ecuación -y ya sé que eso es mucho despejar- Humbert Humbert sólo es un hombre desgarrado que ha perdido el amor de su vida, y todos los espectadores hemos pasado por un trance semejante. Y todos nos reconocemos en su pena inconsolable. La empatía humana sigue caminos caprichosos, y a veces, para nuestra incomodidad, difícilmente justificables. Kubrick y Nabokov fueron dos cabronazos que nos pusieron en el brete. 




2 comentarios:

  1. Joderrrrr Alvaro, tu club de fans van a pedir a la Real Academia de la Lengua que junto a la definición de misógino pongan tu foto. Y bueno como yo no soy de generalidades no creo que todos los hombres tengan que ser castrados porque de acuerdo que las mujeres hemos luchado mucho y hemos contado con el apoyo de muchos de hombres que se han unido a esa lucha, esto es como si cuando ves Priscila Reina del Desierto decides que toda la sociedad es homófoba y bueno el argumento de que como el profesor es un señor cultivado, educado y demás tiene más delito ahí sí que yo no empalizo nada, el delito es el mismo y en casa del pobre sólo suele haber miseria y estas pechadas las cometen los que tienen tiempo. Pero bueno yo soy mujer y siento decirle a mi congénere que Nabokov me gusta, porque eso es lo crea con su ficción hacer que te pongas en la piel de sus personajes, luego tú ya eliges si perdonarlos, entenderlos u odiarlos y aunque soy bastante toca cojones con Alvaro en muchas ocasiones en esta ocasión no, ya que al igual que todos el se pone en el pellejo del personaje pero clasificándolo como deleznable y eso que con esa pinta de curilla, palabras suyas en el anterir artículo, no apoya a sus conpadres.

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    1. Thanks. Un saludo. A ver si coincidimos en León en Semana Santa y nos echamos unas risas con todo esto.

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