Land of mine

En octubre de 1944, con el ejército alemán batiéndose en retirada, Hitler aprobó un decreto que exigía a todo hombre mayor de dieciséis años, y menor de sesenta, incorporarse a filas y defender las fronteras del Reich. El decreto Volkssturm fue el desesperado intento de ganar una guerra que ya estaba perdida. Cuando ésta terminó, miles de adolescentes que vestían la casaca de la Wehrmacht fueron hechos prisioneros por los ejércitos enemigos. Algunos chavales tuvieron la suerte de ser devueltos a casa con prontitud. A otros, como les sucede a estos pobres desgraciados de Land of mine, les esperaba un futuro casi peor que la propia guerra. Y no, precisamente, en los parajes tan denostados de la Rusia soviética, donde millares de prisioneros desaparecieron en los campos de trabajo. La película transcurre en Dinamarca, en las playas sembradas de minas que los propios alemanes habían colocado para impedir el desembarco continental de los aliados. Contraviniendo todos los tratados y todas las convenciones, los chavales del Volksstrum fueron obligados a limpiar las playas armados de palos, cuerpo a tierra, identificándolas y desactivándolas una por una. Cayeron, por supuesto, como moscas. Más de la mitad fallecieron o fueron desmembrados tras las explosiones.





    Land of mine, en cierto modo, viene a desenterrar una mina explosiva que permanecía escondida en el pasado de los daneses. La película es digna, meritoria, recomendable para las amistades, pero tampoco es la octava maravilla de su cinematografía. Si ustedes leen alabanzas desmedidas, epítetos altisonantes, pónganse en alerta. Puede que al crítico en cuestión le haya gustado sinceramente el espectáculo. O puede que Land of mine le venga de perillas a su periódico para seguir metiéndose un poco más con los escandinavos, y cuestionando el "supuesto milagro" de sus sociedades y economías. Raro es el día que uno, en los últimos tiempos, abre los periódicos digitales y no se encuentra con un "estudio" que "demuestra" que los nórdicos son unos depresivos, unos alcohólicos, unos pijos insufribles que viven entregados a los placeres pequeñoburgueses. Unos salvajes amansados que llevan oculta la genética depredadora de los vikingos.  Los nórdicos -vienen a decirnos los redactores neoliberales- han desarrollado una sociedad igualitaria y paritaria que es el sueño de las clases medias europeas, pero en el fondo, por mucho que disimulen, están podridos por dentro. Y son capaces de cometer cualquier gilipollez. O cualquier barbaridad. La de Land of mine, sin ir más lejos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com