Manchester frente al mar

El carácter de un hombre es su destino. Esto lo escribió hace dos milenios y medio Heráclito de Éfeso, el filósofo que entonces apodaron "El Oscuro" porque hablaba en sentencias crípticas, en aforismos que parecían sacados del oráculo de Delfos. En esto del carácter y del destino, sin embargo, Heráclito no pudo ser más claro, y después de ver Manchester frente al mar yo estoy tentado de poner un póster suyo en las paredes, o un busto de escayola sobre la estantería, para homenajearlo cada mañana y ahuyentar de paso a los malos espíritus que niegan la evidencia. Heráclito, por supuesto, no conocía los misterios del código genético, ni las leyes mendelianas de la herencia, pero sí era un tipo inteligente, intuitivo, que allá en Éfeso tenía su prestigio y su magisterio, su barba de anciano venerable, y los domingos por la tarde era invitado a las tertulias del café para ilustrar a los tontos e iluminar a los ciegos.



    El carácter -que es esa insistencia neuronal que sólo se puede aplazar o disimular en ocasiones- nos salva o nos condena, nos guía o nos pierde, nos da una de cal y nos quita una de arena, y no hay educación ni propósito de enmienda que lo revierta. Somos lo que somos, y quien asegure que cambia, que evoluciona, que "madura", sólo se está engañando a sí mismo, o recitando como un loro los manuales de autoayuda. No es cierto que el hombre sea él y su circunstancia, como dijo el filósofo Ortega, y más tarde reafirmara su compañero Gasset, porque es el hombre - con su carácter- el que va creando sus propias circunstancias, y al final todo es él, y todo emana de las mismas bases nitrogenadas que tejen las decisiones e impelen las voluntades.
    Y dicho esto -que creo a pies juntillas- basta una negligencia tonta, un accidente estúpido, una confabulación traidora de "la circunstancia" como ésta que desencadena la tragedia en Manchester frente al mar, para que la vida de uno cambie para siempre, y pueda decirse aquello tan manido de "soy un juguete del destino". Y que luego, para más inri, en otra jugarreta de la circunstancia, se te muera el familiar, y obligado por la ley, e impelido por la voz de la sangre, tengas que salir de la cueva oscura donde el carácter te recluyó para hacerte cargo de ese adolescente que te da mil vueltas en el asunto del saber estar. De tomar las decisiones más lógicas para enfrentar el resto de la vida. A mis cuarenta y tantos años, y humillado por un chaval. La madurez se tiene o no se tiene, definitivamente, como el talento artístico, o la almorrana en el culo. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com