Melancholia

El mero hecho de vivir ya es una melancolía constante. Todo sucede una sola vez y se esfuma para siempre. Nunca te bañarás dos veces en el mismo río, dijo Heráclito de Éfeso, y ahí empezó la gran melancolía que siglos después retomó Lars von Trier para su película.
    Todo está condenado a extinguirse. Nosotros moriremos, y nuestros recuerdos morirán con nosotros. Nuestros hijos, que ahora nos parecen inmortales, también morirán algún día, y rogamos a los dioses cada mañana para no estar vivos en ese momento. Nuestro paso por la vida será borrado por completo. Dentro de unos años, si todo transcurre con normalidad, o dentro unos siglos, si descubrimos la vacuna contra el cáncer, o metemos un gol histórico en el Mundial, o matamos a mucha gente en un arrebato militar. Sea como sea, al final se perderán nuestros genes, se borrarán nuestras fotografías, se rayaran nuestros discursos. Se quemarán nuestras escrituras en los fogones de los servidores. Desapareceremos. Y será como si nunca hubiésemos existido. La esperanza que Black Mirror depositó en San Junipero sólo es un cuento para niños adultos. Una nana infantil que por una noche nos libró de la angustia y del mal sueño. Por mucho que TCKR Systems nos curara de la melancolía, y pudiera regalarnos una eternidad erótico-festiva donde el río de Heráclito deja de fluir, llegará un día en que los humanos se extinguirán, las máquinas se oxidarán, y las cucarachas sin conocimientos informáticos tomarán el relevo de la obra divina. ¿Y si ellas fueran, finalmente, las depositarias de las Sagradas Escrituras? ¿Ellas la imagen y la semejanza? Pero las cucarachas, con toda su preeminencia, también serán pasto de la melancolía. En su largo reinado la Tierra será despedazada por el impacto con un cometa, o por el choque con un planeta descarriado como el de la película. O eso, o será convertida en fosfatina por un rayo láser de la Estrella de la Muerte, que pasaba por allí y decidió hacer prácticas de tiro camino de Alderaan. Y si no suceden estas cosas terribles, que sólo son probabilidades catastróficas, queda la certeza insoslayable de que el Sol acabará por calcinarnos y engullirnos.  Todo lo que ahora vemos, tocamos, soñamos, juramos como amor eterno, se convertirá en gas informe, en átomos disueltos, en polvo de estrellas. El origen, quizá, de nuevos sistemas y mundos. Parece bonito, sí, poético incluso, pero es una mierda pinchada en un palo. Es la melancolía. 



1 comentario:

  1. Pero que ocurriría si todo fuera eterno, si nunca experimentáramos con la primera vez de algo, de un beso, una copa de vino, una charla ... a sabiendas que eso tendrá un fin y la melancolía vendrá a visitarnos, y en unos momentos nos pondrá tristes y en otros alegres, pero en eso consiste, en seguir creando nuevos recuerdos que solo serán para nosotros.

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