Black Mirror: White Christmas

Ahora que llega la Navidad, uno desea más que nunca fugarse a la isla tropical, o a la taiga boreal, y pasar desapercibido entre el paisanaje. Tumbarse bajo la palmera, o al lado de la chimenea, y releer viejos libros hasta que la estrella de Belén se oculte en el horizonte. Abstraerse de las fiestas entrañables hasta llegar a olvidarlas por completo, y no saber ya en qué día vive uno. Celebrar las vacaciones, pero apostatar de su mensaje. Que viva la misantropía, y la amistad bien escogida, y el amor bien seleccionado, y mueran los mensajes de fraternidad y cofradía universal.



    Si uno viviera en el futuro tecnológico de Black Mirror: White Christmas, saldría del paso navideño sin tener que comprarse un billete de avión, o un pasaje de barco. Viviría la Navidad desde dentro, como todos los años, pero deambulando por ella como un intruso, como un mirón, como si Harry Potter paseara por el centro comercial envuelto en la capa de invisibilidad. En  Black Mirror: White Christmas, los terrícolas del futuro llevan una lentillas implantadas en el globo ocular que funcionan como una red social permanente. Cada persona es rápidamente identificada, pormenorizada, como hacía el Terminator que vino a cargarse a John Connor en la primera entrega de la saga. Con las Z-Eyes puedes bloquear a los prójimos que te caen gordos, como harías en el Facebook, o en el Google +, y aunque en la vida real ellos siguen estando ahí, pesados y molestos, uno ya no los ve, ni los oye, porque en su lugar se agita una mancha informe que es su cuerpo emborronado, y su voz apagada. Del mismo modo, uno puede provocar al prójimo indeseado para ser excluido de su visión, y de su audición, y bastaría con encender unos cuantos fuegos al principio de las vacaciones para ser obviado por quienes acarrean paquetes de regalo, y te desean felices fiestas con las sonrisa bobalicona.  De cuántos seres navideños se libraría uno con este recurso maravilloso. El futuro de Black Mirror es el paraíso de los mil Grinch que moramos en las catacumbas.  



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