Black Mirror: Ahora mismo vuelvo

En los tiempos antiguos, que van desde la costilla de Adán hasta la invención de las redes sociales, uno se moría y quedaba muy poca cosa a la que agarrarse. Quedaban los retratos encima de la tele, el recuerdo en los seres queridos, el legado de un árbol que se plantó o de un libro que se escribió. Un cuerpo comido por los gusanos o unas cenizas que el viento se llevó. Con estos retales, los hombres del pasado no podían hacer mucho para resucitar a sus seres queridos. Confiar en la alquimia de la materia orgánica, los más brujos. Hablar con los espíritus, los más confiados en el más allá. Aguardar que Jesús pasara por allí como un día pasó por Betania y revivió a su amigo Lázaro, los más creyentes. Pero de Jesús, desde que ascendiera al Reino de los Cielos, los cristianos no han vuelto a tener mucha noticia, y todos los muertos que vinieron después siguen esperando turno en la cola de los milagros.




   En el futuro de Black Mirror: Ahora mismo vuelvo no se promete la resurrección de la carne, ni el aterrizaje del alma, pero sí algo muy parecido. Un premio de consolación para familiares desconsolados. Hoy en día, cuando te mueres, queda por ahí, flotando en la nube, tu experiencia digital: quedan las fotos, los vídeos, la voz grabada, los recibos de compra. Las tonterías –muchas- y sensateces –pocas- que se escribieron buscando pareja, debatiendo sobre política, abriendo el alma a las gentes del ancho mundo. La información es terabítica, complejísima, en el caso de los adictos al teléfono móvil. Pero Charlie Brooker, el genio en la sombra de Black Mirror, sabe que sólo es cuestión de tiempo que un software informático pueda procesarla y devolverla en forma de espíritu retornado. Recrear fielmente  a la persona que saluda, que habla, que responde con coherencia y parece realmente un regresado de la última frontera. Y si además, para rematar la faena, introducimos esa personalidad en un muñeco biológico que es la réplica exacta de su cuerpo y de sus facciones, ya tenemos de vuelta al marido que se estampó con la furgoneta cuando comenzaba el episodio de Black Mirror. Pero ojo, que la tecnología está en sus balbuceos, y los muertos regresan sin ser ellos del todo, como muertos amnésicos, muy poco entrenados en el revivir. El muerto no estaba muerto del todo, sino que estaba de parranda, como decía la canción, y ha regresado como perjudicado, o como medio lelo. 



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