Review

Llevo varios años defendiendo a capa y espada, como un don Quijote enamorado de su Dulcinea, que la mejor comedia de los últimos tiempos es Veep, la descacharrante peripecia de Selina Meyers como vicepresidenta inútil de los Estados Unidos, y luego, por azares electorales, presidenta igualmente lamentable. Veep es la reina indiscutible del humor ácido y corrosivo; la sátira política que trasladada a España ya no sería una broma, o una ironía, sino una descripción muy fiel de la realidad.



    Sin embargo, en los últimos meses, en la tele de pago, ha aparecido una comedia tan estúpida como transgresora que podría disputarle el trono secular. Review, como Veep, también destila una mala leche que es muy cardiosaludable, un barro muy sucio que viene de perlas para tratarse el cutis y abrirse los poros. En Review, Forrest McNeil es un showman que no hace críticas de cine, ni de libros, ni de gastronomía: él analiza la propia vida en su programa de televisión. En crudo, a torso desnudo, sin pensar en las consecuencias. A petición de los televidentes, Forrest se zambulle cada semana en dos o tres experiencias que luego puntuará en una escala de cinco estrellas. Hay veces que los espectadores le piden cosas banales, de escaso riesgo vital, como que vaya disfrazado de Batman por la calle, o que coma un número pantagruélico de tortitas de maíz. Pero otras veces -y ahí es donde Forrest McNeil se juega su propia felicidad, y su propio pellejo- los espectadores le piden que valore la experiencia de proponerle un trío a su mujer, o de robar en una tienda, o le instan a comportarse como un racista recalcitrante, a ver qué se siente por dentro. Y Forrest, resoluto, entregado a su programa por encima de cualquier otra consideración, se lanza a las aventuras destrozando su matrimonio y arruinando sus amistades. Para que el programa no tenga trampa ni cartón, ninguno de sus allegados ha de saber que sus locuras responden a una farsa televisiva, a un esfuerzo honrado de ganarse el pan, y por tanto lo insultan, lo vituperan, lo abandonan, y Forrest, en esos momentos, con la lengua mordida y el corazón destrozado, siente que quizá erró la vocación, y que tal vez es tiempo de dedicarse a otra profesión. 



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