Purple Rain

Prince, que iba veinte años por delante con su música, se nos ha muerto veinte años por detrás. Se pasó con las ingestas, como tantos otros, y nos dejó con el gesto de tristeza, y con la nostalgia de la adolescencia. Qué manía tienen estos genios de morirse antes de tiempo. Los improductivos caminamos con más cuidado hacia la muerte, más o menos rectilíneos por las carreteras, pero los genios siguen trayectorias perpendiculares, cruzadas, más bien locas, y sin respetar tránsitos ni señales van dando tumbos contra los arcenes, y contra los guardarraíles. Y algunos, como Prince, se quedan en el camino. O como el artista anteriormente conocido como Prince, que ya no sé muy bien por dónde andábamos, la verdad.



    Tocaba hacerle un homenaje al genio de Minneapolis, en este blog que ya adora a dos santos de la misma ciudad, los hermanos Coen. Y qué mejor excusa que Purple Rain, la película de la canción. Aunque Purple Rain, la verdad sea dicha, ni siquiera es una película. Es un vehículo de promoción, un videoclip alargado, un autobombo que la Warner Bros. le sufragó a Prince para luego vender discos como churros.  O cintas de casete, como la que yo tenía.  El guión de Purple Rain es de vergüenza ajena. Prince no es un actor, y los que pululan a su alrededor, salvo la guapísima Apollonia Kotero, dicen en el making off que tampoco. Purple Rain es un despropósito general y lamentable. Risible, en algunos momentos. Sólo cuando Prince ataca "The beautiful ones" siento que me embarga la emoción, porque esa canción la siento muy mía cuando a veces me enamoro y la chavala responde que tiene mejores candidatos. Pero es poco, muy poco, "The beautiful ones", para soportar tanta tontería. Tanta complacencia en el propio y minúsculo ombligo de Prince, que aquí se agiganta hasta ocupar el volumen del sistema solar. Dan ganas de abandonar, de renegar del homenaje, de poner el Ucrania - Irlanda del Norte de la Eurocopa, fíjense lo que les digo. Pero al fin, allá por la hora y veinte de metraje, llega "Purple Rain", la canción, y todos los pecados del Prince actor - o lo que sea- quedan perdonados. Ego te absolvo, hijo mío, porque "Purple Rain", cuando suenan sus primeros acordes, se convierte en un remanso del espíritu, en un regocijo de los sentidos. En una balada desgarradora que habla de ese limbo indefinible entre el amor y el desamor, entre el vete y el ven, entre quiero acostarme contigo y ojalá no te hubiera conocido. Nadie ha sabido explicar todavía si la lluvia púrpura era un reflejo de los neones o una guarrada de la mente calenturienta. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com