Juego de Tronos 6x09

Llevábamos, los sufridos espectadores de Juego de Tronos, ocho semanas recibiendo lecciones básicas de ajedrez. Nosotros, que en el tablero de los Siete Reinos ya éramos maestros consumados, y jugábamos incluso simultáneas con los no iniciados. Llevábamos, digo, ocho aburridas lecciones de "este hombre es un peón y se mueve así" y "esta mujer es un alfil y se mueve asá". Y mientras bostezábamos, y nos quejábamos, los personajes, archisabidos, permanecían quietecitos en sus casillas, esperando la orden de moverse. En la inacción se ponían a charlar con los vecinos de escaque, criticando a la reina, repeinando al caballo, gritando amenazas a los ejércitos rivales que bostezaban seis filas más allá. Y mientras tanto, en esa geografía imposible del Norte, que a veces parece la provincia de Álava y a veces la Siberia completa y congelada, el ejército de los Caminantes Blancos, que en principio es la amenaza principal que se cierne sobre toda la trama, sigue dando vueltas en círculo, preguntando a los aldeanos por el camino del sur. Y estos, con la boina calada, y con la faja apretada, se descojonan por lo bajini mientras les indican el camino incorrecto con la vara de avellano. Seis temporadas llevamos así, con el "The winter is coming", pero el winter nunca llega, gracias a la secular costumbre aldeana de confundir a los visitantes.



    Hoy, por fin, en el episodio noveno, han dado comienzo las partidas de ajedrez. En la Conferencia Este, la señorita Targaryen ha sustituido sus dos caballos por tres dragones -ya de hacer trampas, hacerlas completas- que no entienden eso del movimiento en L. Las criaturas de Daenerys baten las alas, escupen fuego y arremeten contra peones y torres sin esperar turno siquiera. Es el free chess que tanto predicamento tiene en las tierras sin civilizar, y que deja boquiabierto al bueno de Tyrion Lannister, él que iba de consejero, de estratega, de analista de movimientos en profundidad. El ajedrez al que juega Daenerys es el de la fuerza bruta, el del palo y tentetieso,  muy parecido al que jugaban R2D2 y Chewbacca en el Halcón Milenario con los hologramas, mientras Han Solo arreglaba por enésima vez el delco de saltar al hiperespacio.



    En la Conferencia Oeste, la partida entre los dos bastardos ha resultado ser muy reñida. El ejército de los Stark, en un descuido lamentable, ha dejado que el rey avanzara sin protección hacia el centro del tablero, a riesgo de recibir un jaque mate a las primeras de cambio. Otro ajedrecista mejor preparado hubiera aprovechado la fanfarronada para resolver la partida en tres movimientos, pero Ramsay Bolton, el personaje insufrible, es de esos jugadores que prefieren mover a pensar, y ha lanzado el grueso de su ejército a combatir a lo burro, pieza por pieza, en una refriega de vísceras y sangre que ha resultado muy entretenida para el espectador, aunque no tanto para los expertos más refinados. Al final, cuando todo parecía perdido para los Stark, porque el rey seguía acorralado con gran peligro en los escaques centrales, la señorita Sansa, que es un peón silencioso además de muy bello, ha aprovechado las distracciones para plantarse en la última fila de los Bolton e intercambiarse no por una reina, sino por el ejército completo de los Arryn, que ha irrumpido con muchos más caballos de los reglamentarios, arrasando con todo. Jaque mate por aplastamiento.
    En el próximo episodio, supongo, la gran final.





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