La delgada línea roja

Cuando rugen las ametralladoras, La delgada línea roja no escatima sangres ni intestinos para hacernos entender la brutalidad de la guerra; cuando el silencio se apodera de la isla de Guadalcanal, la cámara pasea por la naturaleza exuberante para lamentar tanta herida abierta y tanto salvajismo humano. Así resumida, La delgada línea roja parece una obra comprometida, antibélica, de claro mensaje pacifista. Pero no lo es. Es una película fascinante en lo formal, pero muy tramposa en su denuncia. El soldado Witt, que es la voz en off que aprovecha los remansos del combate para reflexionar sobre la vida y la muerte, se hace mil preguntas del tipo: "¿qué oscura ceguera se ha apoderado de los hombres?", o "¿cuánta crueldad somos capaces de asimilar?", o "¿en qué momento nos desviamos del recto camino de la fraternidad?," y solemnidades por el estilo que no conducen a nada, sólo a la filosofía barata, y a la ocultación torticera de los hechos.




    Al soldado Witt habría que explicarle que la guerra nunca es producto de una insania, de una locura transitoria. Aunque su desarrollo sea caótico y brutal, y la dirijan verdaderos psicópatas con carnet, la guerra siempre obedece al interés concreto, mensurable, documentado, de fulanos muy orondos y muy avariciosos que jamás luchan en ella. Mercaderes que cuando ven peligrar sus beneficios presionan a los gobiernos para abrir rutas, expandir mercados, acceder a materias primas. Desde las Guerras Púnicas a la invasión de Irak pasando por la II Guerra Mundial. El soldado Witt, y con él Terrence Malick, prefieren hacerse los suecos ante estas evidencias, y se lanzan a la poesía sobre la podredumbre humana, y sobre el Mal que habita en nuestro interior. De nuevo el pecado original, como predican los curas en su falacia. Yo entiendo que La delgada línea roja no aproveche el silencio de los cañones para darnos una lección sobre la geopolítica que enfrentó a EEUU con Japón. Para eso están los documentales, y los libros de historia. Pero que tampoco nos tomen por tontos, con su literatura espiritual, y su antropología de catecismo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com