Tamaño natural

El machismo y la misoginia son dos actitudes que la gente suele confundir con mucha frecuencia. Y no entiendo la razón, porque son dos términos casi antagónicos. El machista es un chulo incorregible, un despreciador de mujeres, un altanero de la testosterona. El misógino, por contra, es un tipo apocado, empequeñecido, que contempla el universo femenino con una mezcla de asombro y miedo, como quien se asomara a la fauna abisal, o a los aliens del Universo. El machista se considera por encima de la mujeres, mientras que el misógino se sabe inferior a ellas, seguro de pertenecer a una subespecie homínida que evolucionó algo más tarde, y no del todo: más fea, más velluda, menos inteligente.



    Dijo una vez Luis García Berlanga a propósito de su misoginia:
    "La mía es compleja, enrevesada, y no va nunca por el lado machista de pensar que la mujer es un ser inferior que está mejor fregando en casa. Todo lo contrario: ojalá fuese así."

    Y otro día dijo Rafael Azcona, su compañero de películas:
    "A mí lo que me pasa es que no entiendo a las mujeres y ya está. Yo no entiendo el chino: ¿se va a colegir de eso que yo creo que los chinos son inferiores o que los odio?

    Dos tipos así tenían que parir tarde o temprano una película como Tamaño natural, que es la quintaesencia del misógino que ha renunciado a las mujeres y ha decidido compartir su amor, y su tiempo, y su pene todavía inquieto, con una muñeca de látex importada de Japón. Ni que decir tiene que sobre Tamaño natural cayeron y siguen cayendo críticas demoledoras, e insultos exacerbados. Pensar que la película trata de un hombre que considera a las mujeres como objetos, y que para no perder más tiempo decide comprarse un objeto en forma de mujer, es no haber entendido nada. Y no haber entendido nunca a dos tipos como Berlanga y Azcona. El personaje de Michel Piccoli ama tanto a las mujeres que no soporta no entenderlas, no aguantarlas, no estar a la altura de sus exigencias, y prefiere abandonarse al amor loco por su muñeca, donde ya no existen los complejos ni las contradicciones. Tamaño natural es la fantasía de un hombre atormentado, no de un espíritu vacío de sentimientos. Una película que se les fue de las manos a mis queridos amigos, aburrida y redundante, casi más fetichista que sentimental. Un resbalón en su filmografía que sólo tengo en mi videoteca porque en su tiempo levantó ampollas entre los meapilas y las exaltadas, y eso ya me complace, y me sirve de acicate para revisitarla de vez en cuando.



Michel [a su muñeca]: ¡Pues claro que te quiero! Te quiero, cariño, aunque estés hecha de poliuretano. Además, ¿qué diferencia hay entre el poliuretano y el tejido celular? Sí, hay una: el tejido celular siempre quiere un yate.

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