Juego de Tronos 6x01

Mientras en el hemisferio norte vuelve a caernos encima la primavera, con su calor insufrible y sus insectos despiadados, en los Siete Reinos sigue amenazando el invierno que llega del Muro, con sus ventiscas de cagarse y sus muertos que reviven.
    Ha regresado, sí, Juego de Tronos, tras un año de dimes y una eternidad de diretes.  Y uno, por primera vez en cinco años, se presenta en este blog con los deberes hechos, y con los episodios puestos al día. Por fin voy a ser uno con la comunidad de frikis, con la legión de curiosos. Esta vez no pienso esperar a que salgan los Blu-rays para soltar mis opiniones desfasadas y carentes de interés. Voy a ser un televidente como los demás, ansioso, impaciente, apegado a la rabiosa actualidad de las intrigas palaciegas, y de las notas necrológicas publicadas en el King's Landing Post. Juego de Tronos, en esencia, es un gran culebrón sin venezolanos, y yo voy a ser una de sus marujas más fieles y enteradas. Me carcome la curiosidad, como a todo hijo de vecino, y además quiero leer la prensa con tranquilidad, por las mañanas, al encender el ordenador, y hoy en día eso es imposible si uno no está al corriente de la actualidad seriéfila, y también de la deportiva. Debajo de cada nuevo latrocinio del PP siempre ponen la última hazaña de Stephen Curry, y el último muerto de Juego de Tronos, sucesos que tienen lugar en la madrugada que yo he grabado en mis aparatos, a la espera de un respiro laboral, de una siesta satisfecha.



    Ha regresado Juego de Tronos, sí, y se nos ha quedado un poco cara de tontos, la verdad. No sé si los guionistas han insultado nuestra inteligencia o si han tenido la deferencia de ponernos al día. Porque nos hemos quedado donde estábamos, más o menos, estudiando la misma posición en el tablero de ajedrez (metáfora que me apropio tras haberla leído en todos los artículos de la prensa seria). Faltaban dos minutos para el cierre del episodio y apenas se habían movido dos peones intrascendentes en los extremos, avanzando por casillas aburridas y poco decisivas. Y entonces, cuando ya languidecíamos en los sofás, y hasta consultábamos el teléfono móvil de reojo, llegó el desnudo. El maravilloso desnudo del que ya habla todo el mundo, de una belleza singular, como corresponde a tan alta dama y a tan bella actriz. Un desnudo que estos hijos de puta de pronto nos roban, y nos trocan, y nos arrebatan del gozo, como un cambiazo de aquellos de Mortadelo, para dejarnos con la boca abierta, y la cosa destrempada, casi cercenada, en una sanguinolencia que sería muy propia de la serie.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com