Love & Mercy

Cuando supe, hace meses, que circulaba por ahí un biopic sobre Brian Wilson, fundador y líder de los Beach Boys, me dije: tate. Qué te importan a ti las playas de California, tú que rehúyes el sol como los vampiros; los automóviles descapotables, tú que no tienes ni carnet de conducir; los abdominales de los surferos, tú que los proteges bajo una capa de grasa. Qué te importan a ti, en definitiva, los Beach Boys, a los que escuchabas en los revivals de las radiofórmulas, cuando el pavo y la tontuna, y no dejaron más que alguna tonadilla que languidece a los pocos segundos. Qué lejos vivía uno, y sigue viviendo, de las playas californianas, de las anglosajonas en bikini, de las olas espumosas que rompen en Malibú… La única California que uno visita habitualmente es la que recorre Larry David en su cruzada contra la estupidez, y en ella no hay jóvenes retozando en la playa, mientras suenan los Beach Boys en un loro sobre la toalla.



       El otro día, sin embargo, hojeando las revistas, vi el jeto de John Cusack ilustrando un fotograma promocional, y volví a susurrarme: tate. Pero esta vez no con la intención de pararme y dar media vuelta. John Cusack es uno de los actores predilectos, de los rostros incuestionables, y cualquier cosa en la que participe merece el beneficio de la duda. Fue entonces, al releer las críticas, cuando supe que Love & Mercy no era un biopic al uso. No el auge y caída, archiconocidos, de las estrellas del pop, con sus drogas y sus borracheras, sus peleas con la banda y sus retiros en solitario. En Love & Mercy también suceden estas cosas, porque parecen irremediables en el mundillo de los artistas, pero las explican deprisa y corriendo para que entendamos el asunto vital que se dirime. Que es, ni más ni menos, una historia de amor. Y uno, en estos tiempos de soledad atribulada, escucha “historia de amor” –y más si sucede entre tiernos maduritos- y todo se le hacen ojos y orejas. Y más, mucho más, cuando descubre que Elizabeth Banks es la actriz principal, y no voy a decir que se me caiga la baba, que quedaría muy vulgar, pero sí que se multiplican las ilusiones, y las expectativas, y ya no albergo ninguna duda de que Love & Mercy será la película del domingo. La fiel compañía de esta tarde invernal y triste, “sólo y asustado”, como le confesaba a la hermosa dama el bueno de Brian Wilson, en su primera cita.




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