Les Revenants

Hablando de la imposibilidad material de seguir todas las series de interés, una amistad de gusto exquisito me recomienda Les Revenants, una producción francesa que hace dos años pasaron por el Canal + sin que yo me coscara de su brillantez. Uno vive abducido por las series del Imperio Anglosajón, que forman parte de mi educación sentimental, y le puede la pereza cuando le alaban una de Eslovenia que es cojonuda, o una de Macedonia que es imprescindible. A los culebrones europeos siempre llego con un retraso de varios años, cuando las personas inteligentes y sin prejuicios ya han escrito los adjetivos calificativos que por fin estimulan mi curiosidad. Así fue, por ejemplo, como me enamoré de Borgen, la serie danesa que nos recordó que España es un país tercermundista en lo social y cuartimundista en lo gubernativo. Una serie que el día de su estreno no supe ni que existía, y que tuve que rescatar en los mercadillos de segunda mano cuando en los foros informados ya se hablaba de otras novedades. En fin.




       Les Revenants es un cuento de terror gótico, sin sustos ni sanguinolencias. Una serie muy estilosa, muy francesa, que cuenta cómo los niños fallecidos en un accidente de autocar regresan años después a su pueblecito de los Alpes, redivivos en carne y hueso, como si nada hubiese sucedido. Como en las paradojas temporales que predice la ley de la relatividad, para los muertos sólo ha transcurrido un día de sus vidas, confuso y extraño, pero para los vivos ha pasado una dolorosa eternidad, con vidas desechas y lloros amortizados. Los retornados no son seres angélicos que anuncian la resurrección de la carne, ni zombis descerebrados que buscan entrañas para el aperitivo. Ellos se reincorporan a su vida cotidiana como si tal cosa, mientras los familiares, incrédulos los ateos y alborozados los cristianos, los reciben con unas caras de pasmo que los no-muertos achacan al desconcierto global de la jornada, por no pensar que todos se han vuelto majaras en el villorrio. Les Revenants, como puede deducirse, es una serie original y sugestiva. Se le pueden poner varios peros, pero los productos arriesgados es lo que tienen, que a veces, en su loca búsqueda de nuestro asombro, se van dejando explicaciones en el tintero. Peccata minuta, que decían los latinos. Peccadille, me chiva el traductor de Google, que se dice en el francés vernáculo.



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