Citizenfour





Fahrenheit 9/11sólo fue la primera película, la cinta inaugural de este ciclo terrorífico que va para diez años y no tiene pinta de terminar. Desde que mi hermano Michael Moore, el más gordito de la saga, nos dejara la imagen más espeluznante que hemos visto en lo que va de siglo (el presidente Bush haciendo como que leía La Cabra Mascota), cada año, en los canales de pago, y no en las cadenas generalistas, nos encontramos con un nuevo documental que viene a recordarnos la triste verdad de nuestro tiempo. Que la democracia, que dicen que es el menor de los males, no es más que una farsa. El sedante que nos ponen en el vaso de leche antes de ir a dormir, para que soñemos con que nuestra civilización es la mejor del mundo, y que el hecho de que unos cuantos privilegiados roben a mansalva o actúen fuera de la ley no empaña los grandes logros de nuestro sistema ganado al fascismo y al comunismo y bla, bla, bla.



Fahrenheit 9/11, y antes que ella JFK, nos dieron un puñetazo en la cara para despertarnos de nuestro Matrix contemporáneo. Para entender que por encima de los parlamentos y los senados, los presidentes y los monarcas, existe un poder inalcanzable y omnímodo que dicta la marcha del mundo. La económica, por supuesto, y luego la militar, siempre a su servicio. Los representantes democráticamente elegidossólo son monigotes que se pliegan a los dictados del verdadero mandamás. Tipos con mucha jeta, o con mucho carisma, que conocen el doble juego de la realidad pero no se inmutan cuando mienten en los mítines, o en las entrevistas de la televisión. Caraduras que saben de su papel mínimo, secundario, prácticamente irrelevante. Marionetas que siempre llevan una mano metida por el culo y hablan con la voz  muy poco disimulada de su amo.



La película de terror de este año se titula Citizenfour, que es el seudónimo que usaba Edward Snowden en sus primeros contactos con la prensa. Aquí no voy a contarles la historia de nuevo. Presupongo que mis lectores, que son cuatro gatos muy escogidos de los callejones, son gente informada y leída, y que este blog sólo es el entretenimiento que separa sus lecturas sesudas de sus reflexiones enjundiosas. Citizenfour es un documental en marcha, y ustedes pueden seguirlo casi cada día en nuestra prensa libre. Sólo diré que no se dejen engañar por los entusiasmos de la crítica. Lo que cuenta Citizenfour, faltaría más, es una trama del máximo interés, pero el cómo se cuenta es harina de otro costal. La cosa pinta bien al principio, con Snowden en su hotel de Hong Kong y los periodistas asistiendo a sus revelaciones con la mandíbula inferior tocando el suelo. Pero luego Snowden se pone en plan informático, que si Linux, que si MSDOS, que si placa base, y la directora de la función, en lugar de cortar estas turras en la sala de montaje, deja que el tío desbarre hasta que uno se queda frito. Muchos minutos después, al despertar, Citizenfour seguía allí, más o menos en la misma onda, y uno, que sigue el documento por deber de ciudadano concienciado, empieza a sentir aguijones de antipatía por este héroe de nuestro tiempo. Es que no calla, el jodío, y la seño, en vez de poner orden en la clase de informática, no hace más que pintarse las uñas y enviar mensajes a su novio por el móvil.


2 comentarios:

  1. Esto es como el discurso del estado de la nación, es imposible seguirlo entero a no ser que estas sedado en una cama y un cabrón se haya llevado el mando.

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  2. Y agggg no se pork se duplicannnn parezco Citizenfour ahí dale dale. Joderrrr

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