Siempre Alice

La primera media hora de Siempre Alice sólo se aguanta porque Julianne Moore, además de ser una mujer guapísima, es una actriz excelente que te deja embobado con sus florituras. Es como si llevara un interruptor escondido en su cabellera pelirroja, y pudiera transmutarse, cada vez que se arregla el peinado con disimulo, de arpía en bonachona, de convencida en dubitativa, de exultante en deprimida.




         Pero Julianne, la dulce Julianne, la pelirroja Julianne, no basta para reprimir nuestros bostezos, y asesinarnos el interés por las desventuras de Alice Howland, un interés que ya había nacido famélico y poco convencido. El drama de esta mujer aquejada de Alzheimer ni siquiera es una película: es, como mucho, un telefilm de sobremesa, y como poco, un documental sobre la aparición inexorable de los síntomas. La progresión dramática de Siempre Alice es de redacción escolar para cuarto de Primaria: primera escena, la vida feliz; segunda escena, me olvido de una palabra; tercera escena, me lío con las calles; cuarta escena, me dejo el champú dentro del frigorífico; quinta escena, consulta médica; sexta escena, marido comprensivo; séptima escena (two months later), Alice languidece en la esquina de un sofá... Y todo así. Y entre medias, bonitos planos de Alice paseando por la playa, entrañables encuentros con sus hijas modélicas, músicas celestiales que van acompañando su decadencia como querubines que la fueran sosteniendo para no caer, como en los cuadros del Renacimiento. Siempre Alice es una película blandurria, empalagosa, previsible. Ni siquiera Kristen Stewart, que es una mujer que siempre ha derretido mi deseo bañándome en aceites y sudores, es capaz de levantarme el ánimo, derrengado y deprimido en el sofá recalentado del pre-verano.




       Y digo deprimido porque en la última media hora de Siempre Alice, ya viendo sin ver, aprovecho para hacer un chequeo rápido de mis tontunas. En este rato me he confundido dos veces de mando a distancia; no he podido recordar el nombre de dos actrices que me venían al recuerdo; he hecho planes para la tarde pensando que era viernes y no jueves; me he levantado a beber agua y se me ha olvidado el botellín en la cocina. Cuatro incidentes cotidianos, frecuentes en mi vida de despistado crónico, de mentecato sin remedio. Cuatro tonterías que hoy, viendo a Alice Howland desmemoriándose en la pantalla, han cobrado una importancia inusitada. Ella -que era profesora de universidad y doctora en mil asuntos de la lingüística- empezó por no recordar un término, en una conferencia...



2 comentarios:

  1. Y que sea hija del gilipollas de Roger,hay cosas inexplicables,bueno amiguete que sepas que te leo a diario y me encanta,una cosa, acabo de ver Chained (2012) de la hija de David Lynch,me ha gustado horrores el final impredecible y justito pero en general buena historia a ver que opinas....un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Se sigue agradeciendo el interés, Clemente (que según aprendimos con Karra Elejalde no es apellido vasco), La película de la hijísima ya está apuntada. Gracias por el consejo.

    ResponderEliminar

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com