Cuadernos de cine

Yo que siempre he sido fiel a la revista Cinemanía, este mes, en el kiosco, quizá en un arrebato de cinefilia cultureta, me dio por comprar Cuadernos de Cine, la revista que es hermana de los Cahiers du Cinema franceses. La mitad de los artículos hablan de cineastas consagrados que yo ni siquiera conocía; la mitad de las recomendaciones en DVD aluden a productos inencontrables en las provincias periféricas; la mitad de las críticas usan una gramática endiablada de enigmas envueltos en un acertijo. Me he quedado como estaba. Ha sido un bofetón en toda regla. La expulsión del paraíso cinéfilo, una vez más.
            No estoy para estas alturas intelectuales. Lo mío es el chascarrillo, la crítica legible, la guía mundana. Las fotos de actrices guapísimas con escasa ropa, que en Cuadernos de Cine se ve que tienen prohibidas, como si la editaran los curas, o las tuvieran vetadas por banales, ajenas al meollo metafílmico de la captura de imágenes. Así llaman a las películas, a las pelis, en los Cuadernos de Cine: captura de imágenes en movimiento. Su reino no es de mi mundo. Regresaré al hogar más paleto y accesible de Cinemanía, donde Pepe Colubi, en su columna mensual, relata con humor sus soplapolleces de espectador cotidiano y poco exigente, tan parecidas a las mías.


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