Amor a quemarropa

Los diálogos y violencias de Amor a quemarropa son marca de la casa Tarantino. Que la película fuera dirigida por Tony Scott es un accidente de las filmografías, porque ese guión, con esos actores ejemplares soltando los mamporros, y esa belleza de Patricia Arquette iluminando la pantalla, casi trabaja sin ayuda. El hombre del mentón prominente estaba en su salsa con los mafiosos italianos, los productores de Hollywood, los enamorados que cruzan Estados Unidos con una maleta repleta de cocaína. En el podium de sus mejores diálogos está el asunto de los sicilianos y sus moros antepasados, allá por las invasiones del siglo IX. Dennis Hopper y Christopher Walken, gracias a la verborrea ofensiva y cachonda de Tarantino, firman una escena irrepetible y mítica.



            En las entrevistas, Quentin Tarantino confiesa que Amor a quemarropa es su guión más personal. Y es de comprender: el personaje de Christian Slater, al comienzo de la película, es un cinéfilo muy parecido a él, un tipo que consume la vida en las salas de sesión continua, atiborrándose de la misma basura que alimentó sus sueños profesionales: persecuciones, balaceras, hostiazas de artes marciales... Slater, más allá de la obvia comparación con su creador, también es Mia Farrow en La Rosa Púrpura de El Cairo, Woody Allen en Sueños de seductor, Álvaro Rodríguez, incluso, en las penurias fundacionales de este blog. Personajes a los que la vida agobia, sobrepasa, no llena de orgullo ni de honda satisfacción. Dimisionarios de la realidad que siempre que pueden, cuando ya han cumplido sus obligaciones, y a nadie molestan ni perjudican, se toman la pastilla azul para entrar en el Matrix cotidiano de las películas, a vivir la vida simulada de las neuronas espejo. Benditas ellas.


4 comentarios:

  1. Una de las mejores lineas de diálogo de la historia: "no mataba a nadie desde 1984"

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  2. Sólo le faltó decir la fecha y la hora, sí. Si esta película la hubiese dirigido el propio Tarantino, habríamos tenido Pulp Fiction un año antes. Pero Tony Scott se pierde en el ritmo, o en los efectismos, no sé.

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  3. Para mi, Tarantino es, sobretodo, un grandísimo dialoguista

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  4. Para hostiazas sin fundamento -aunque dvertidas- ya está Matthew Vaughn.

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