The honourable woman

The honourable woman cuenta la historia de Nessa Stein, una mujer millonaria, heredera del imperio de su padre, que trabaja sin descanso por la concordia entre israelíes y palestinos. Aunque ella es judía, y su padre participó activamente en las guerras que vinieron tras la partición, Nessa sueña con la relación fraternal entre los dos pueblos. Para ello ha tendido una red de telecomunicaciones que une a todos los habitantes del secarral bíblico, para que se envíen whatsapps, y tweets, y mensajes de texto, en hebrero, o en árabe, o en arameo, y así, tic a tic, y verso a verso, se vaya tejiendo la red que unirá las almas y los espíritus. Por internet hacia la paz, viene a ser más o menos su lema.


            Nessa, obviamente, es una bobalicona sin remedio, un baronesa del Imperio Británico que se levanta por las mañanas y no tiene muchas cabras que ordeñar. Se ducha, desayuna, administra sus cuatro asuntos con los asesores y luego se pone a jugar con los mapas de Palestina, a ver si unimos Gaza con Hebrón, o Cisjordania con Tel-Aviv. Por encima de Nessa, sobrevolando como buitres sus valiosísimas redes de fibra óptica, que serían el instrumento decisivo en las labores de espionaje, están el Mossad, Hezbolá, el MI6..., organizaciones que viven de la guerra y de la conspiración, y cuyos responsables no desean la paz que tanto sueña Nessa, porque se quedarían sin trabajo, y sin pesiones que sufragasen sus doradas jubilaciones. Y por encima de todos ellos, por supuesto, dirigiendo el cotarro desde las sombras, los americanos, que en estas tierras no rascan mucho petróleo, pero que siguen votando a congresistas y senadores muy temerosos de Yahvé, tipos muy religiosos que viven convencidos de que será allí, en la colina de Megido, donde tendrá lugar el Armagedón, la Lucha Final entre las huestes del Bien y del Mal, de la que ellos piensan salir triunfantes a costa de los sarracenos, de los comunistas, de los chinos incluso, como sigan dando por el culo con sus estrategias comerciales.



            Pero no se piensen ustedes que The honourable woman es un Homeland  reconcentrado que ha dejado Agfanistán para seguir enredando en las orillas del Mediterráneo. La serie británica tiene un ritmo extraño, moroso, sentimental... Sólo en los dos últimos episodios -y son ocho en total- se desencadena la tormenta de los servicios secretos y los ajustes de cuentas. Para llegar hasta ahí, el espectador somnoliento habrá de vivir seis horas de relaciones familiares, de hijos secretos, de chantajes emocionales, de lloros por las esquinas... Porque la familia Stein, en esencia, es como la familia Channing, unos con su fibra óptica y otros con sus viñedos de California. The honourable woman es un culebrón moderno y estiloso. De qualité. Lo del conflicto irresoluble de Palestina sólo es un mcguffin para que veamos llorar diez veces por episodio a Maggie Gyllenhaal, tan estupenda, tan guapa, tan innecesariamente excesiva.


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