El sentido de la vida

Qué mejor día que el cumpleaños de uno para buscarle un sentido a la vida. Cuando no es 16 de marzo uno se entretiene con las películas, con el fútbol, con las mujeres amadas en secreto, y esas tonterías metafísicas apenas son el chispazo neuronal que se produce justo antes de dormir, cuando los enchufes se desconectan. Pero llega este día maldito y uno, aunque no quiera, aunque trate de evadirse en las naderías de lo cotidiano, se ve asaltado por la inquietud del futuro, por la nostalgia del pasado. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Adónde voy? Gilipolleces de primero de filosofía que flotan por encima de la cabeza, y que yo trato de apartar a manotazos como si fueran moscas de la mierda, o angelitos con arpa del Señor.



            La película del día tenía que ser, obligatoriamente, El sentido de la vida, porque los Monty Python hablan en ella de cualquier cosa menos del sentido de la vida. Ellos sabían, porque habían leído mucho, y porque eran tipos muy inteligentes, que la vida no tiene sentido. Que sólo es un accidente biológico, un capricho de la química. Una espiral de ADN que para copiarse a sí misma ha construido nuestros cuerpos y nuestras mentes, meros vehículos de custodia y transmisión. Ya lo cantaba Javier Krahe en El cromosoma:

Porque dudo que la final de este asunto,
la cosa no se acabe con un punto
sino con punto y coma,
y no espero un cielo o un infierno.
Lo más confío en que seré algo eterno
gracias al cromosoma.



            Los Monty Python sabían que nuestra única misión en el mundo era transmitir genes. O follar, si lo prefieren. Lo demás es literatura, religión, perifollo, conversación alcohólica en el bar. Los Monty dedican noventa minutos de El sentido de la vida a reírse de lo divino y de lo humano, con números antológicos que en otros blogs están descritos con más gracia, y sólo al final deciden ponerse trascendentes. Una adusta presentadora de televisión nos desvelará, por fin, el misterio de la existencia:

            "Llegamos al final de la película. Ahora, el sentido de la vida. Nada del otro mundo: ser amable con la gente, no comer grasas, leer un buen libro de vez en cuando, pasear, intentar convivir en paz y armonía con gente de todos los credos y naciones. Para terminar, hemos incluido imágenes de penes para molestar a los censores. En fin, ya está. Pasemos a la música final."  


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