Borgen (4)

Ahora que ha comenzado la primavera en el terruño donde yo escribo, la mayoría de mis conocidos dicen preferir el sol con corrupción al frío con transparencia, y puestos a elegir entre la España casposa que ven a diario en la televisión, o la Dinamarca modélica que se adivina en los episodios de Borgen, ellos se quedan con la playita, con el chiringuito, con la cervecita en la terraza a cuarenta grados a la sombra, y que le den por el culo a los cielos grises y a las heladas del amanecer. Que España es el mejor país del mundo para vivir, te dicen sin rubor, y uno se queda mirándolos con cara de no entender nada, como recién aterrizado en una pesadilla de bobalicones. Y así nos va, claro, que cambiamos el bienestar social y la dignidad laboral por cuatro rayos de sol y una tapa de aceitunas.



            En el episodio número seis de Borgen, el presidente ficticio de Turgisia firma un contrato millonario con el gobierno danés para adquirir palas eólicas. La noticia es recibida con alborozo en la oficina de la Primera Ministra, porque eso supone miles de puestos de trabajo asegurados. Pero ay: el marido de la susodicha, que vive de sus propios recursos, tiene invertida una pasta en acciones de la compañía, y la opinión pública no vería con buenos ojos que él se lucrara gracias a un contrato firmado por su señora. Esa misma noche, en la intimidad de la alcoba, bastará una pequeña conversación para que él comprenda la gravedad del asunto, y decida vender unas acciones que iban a producirle unos réditos millonarios. Uno se imagina esta escena en la intimidad ibérica de un dormitorio presidido por la gaviota, o por la rosa en el puño, y de la risa que te entra, y del cabreo que coges a continuación, te descubres en el aeropuerto más próximo comprando un billete para Copenhague. Sólo de ida.



            Más tarde, en el mismo episodio de Borgen, nuestra querida reportera Katrine Fønsmark, que está cada día más guapa y más deseable, entrevista a un disidente turgisio que está de paso por Dinamarca. Para entenderse sin necesidad de traductores, Katrine y Bayanov emplean un inglés de pronunciación algo macarrónica que hasta yo mismo, medio sordo y medio negado para los idiomas, soy capaz de seguir en sus argumentos principales. Lo curioso del asunto es que la audiencia danesa del telediario no necesita traductores ni subtítulos para seguir la entrevista. Sólo las ancianas de la Dinamarca más profunda no van a entender las complejidades políticas de la República Turgisia. El resto de daneses, que ha sido educado en el inglés de las escuelas, en los dibujos animados con subtítulos, en las películas de la gran pantalla que jamás se doblaron, sigue sin esfuerzo estos intercambios idiomáticos que aquí en España, con nuestro nivel medio de inglés, serían el terror de las audiencias. Denmark sí que es different, y no Spain, que es más bien pathetic.


6 comentarios:

  1. Una de las cosas que más me interesan de Borgen es cómo la acción política, y sobretodo cuando se llega a la cima (como es el caso de ella), va fagocitando la vida de los protagonistas (familia, amistades...), en este capítulo se empieza a ver (sin ánimo de spoilear). Pero quizás no es un rasgo de la política y si una circunstancia que se da cuando uno está en la élite, cuando llegue te aviso, pero creo que ya no me da tiempo.

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  2. Buscando fotografías para ilustrar las entradas he visto más de un corazón roto. Creo que ya sé por dónde vas, y te agradezco la discreción. De todos modos, al contrario que a ti, lo que menos me interesa de Borgen es el asunto familiar, aunque entiendo que tienen que darnos pinceladas sobre él. Me interesa más la política que el drama, el trapicheo de influencias que el desgaste matrimonial. Matrimonios rotos uno conoce muchos, pero tramoyas de gobierno muy pocas.

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  3. Es cierto lo que dices, pero a diferencia de "El ala oeste" o incluso "House of cards" donde los personajes, no nos engañemos, son exactamente iguales en el Piloto y en el último cap.de la serie, aquí el personaje va cambiando (ya lo apuntaste en uno de tus posts) pero cambiando a lo bestia, hacia .... ya se verá, y creo que eso es lo que hace la serie tan buena, y a eso precisamente me refería, a que la política se acaba convirtiendo en LA VIDA del personaje, hasta el punto que no hay nada más.

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  4. Me gusta que los personajes NO cambien en las series, porque en la vida real NO cambia nadie tampoco. Sólo nos disfrazamos o nos contenemos, pero NO cambiamos. El que cambia sólo se revela. Pero esto es una cosa filosófica mía que a lo mejor no tiene mucha base.

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  5. Bueno, lo de cambiar y no cambiar es como decir que todos somos iguales y todos somos diferentes, las dos cosas son verdad, depende del punto de referencia.

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  6. Seguramente no cambien, el poder lo único que hace es acentuar a las personas como son, generalmente alimañas con ese ansia de protagonismo, por lo que mientras no han estado en él se han conformado con una vida plana, pero cuando les dan la oportunidad de enseñar la patita se ve a la verdadera fiera que llevan dentro. Coño si hastas los de izquierdas brindan su victoria con champang.
    De todas las maneras a ti te pasa como a uno de los protagonistas de una de las canciones de Sabina" No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca sucedió"
    No creo que ni Dinamarca sea tan modélica, jo ni nosotros tan cavernícolas, y sino consuélate porque imagínate encima a los que no nos gusta nada el fútbol, entonces si que es como diría Mafalda "Que paren el mundo que yo me bajo", en este caso esta España nuestra.

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