Birdman

Algún agente infiltrado ha deslizado una copia perfecta de Birdman en los círculos bucaneros, con unos subtítulos que son la traducción febril de esta verborrea que lanzan los personajes. Gracias mil, a estos traidores del secreto, a estos Prometeos que nos regalan el cine ardiente de los dioses. Ellos nos libran de acudir a las salas de cine, a ver versiones dobladas en compañía de los masticadores de palomitas, y de las viejas que dicen ¡ay, Jesús! ante cualquier palabrota. Nos libran, también, llevados por esta bulimia del cine, por este mono yónquico de quien quiere ver Birdman a cualquier precio, de ceder a la tentación de ver los screeners que filman cámara en mano los desalmados, los chiquilicuatres, con el pulso tembloroso y los comentarios de fondo de la platea. Con la banda sonora de quien al lado trajinaba con las patatas fritas y los fritos de maíz. Ya llegará, dentro de unos meses, o de unos años, cuando los señores almaceneros tengan a bien rebajar el precio del DVD o del BluRay, el momento de la compra, y de la compensación final a los artistas. El pirateo del ansioso no está reñido con la contribución del consumidor.



            Birdman... Qué podría escribir uno que aportara luz, que sugiriera algo nuevo, ahora que sobre González Iñárritu y sobre la génesis de su película lo hemos aprendido todo en los periódicos. Tengo que volver de nuevo a lo personal, a la pelusilla inasequible de mi ombligo, si quiero que este párrafo llegue hasta el final y no abandonarme aquí, como un barco naufragado. Pero me puede la pereza, y la vergüenza de mí mismo. A quién le importan, mis paralelismos con el personaje de Michael Keaton. A quién le interesa saber que su paseo en calzoncillos es la pesadilla más terrorífica de mi repertorio, la que más veces me ha despertado en mitad de la noche para palpar las sábanas y reconocerme despierto, y solitario, a salvo de las miradas. A quién le interesa conocer que yo también camino por las calles con un pajarraco pegado a la espalda, uno con forma de cuervo, o de grajo, muy negro y de muy mal agüero, que me recuerda a todas horas que todo lo que digo es vanidad, que todo lo que oigo es impostura, que cualquier empeño es inútil y condenado al fracaso, y que sólo en la soledad de mi sofá y de mis películas voy a encontrar la paz serena de quien ya enarboló la bandera blanca y sólo busca un refugio y un entretenimiento.




            A quién le importa que yo viva enamorado, imposiblemente enamorado, adolescentemente enamorado, de esa chica llamada Emma Stone que tiene ojazos de Heidi y voz de cazallera resacosa. Cuántos se iban a reír de este amor porque piensan que con él hago ironía, exageración, ejercicio literario,  sin saber que yo a Emma la amo de verdad, de verdad de la buena, aunque la edad, y la distancia, y las clases sociales, me nieguen cualquier oportunidad de tenerla a mi lado, en este sofá del anacoreta... 


4 comentarios:

  1. Gran película y mejor critica...amigo Alvaro,te descubri ayer por casuaidad,y no he parado de leerte,ya tienes un gato mas en tu maloliente callejón.Que gran suerte la tuya de poder expresar,casi a la perfeccion,lo que otros pensamos y por desgracia no lo ventilamos con la alegría y comodidad con que tu lo haces.GRACIAS.

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    1. Pues muchas gracias, gato número 5. Contigo y unos pocos más ya podemos rodar nuevos episodios animados de Don Gato. Yo me pido el papel del agente Matute.

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  2. Coño,pues va a ser verdad eso que somos 5 gatos,me sorprende a la vez que me flipa la prontitud de tu respuesta,es para cagarse,tu blog debería ser asignatura en la enseñanza obligatoria.
    Pero que se le va ha hacer,te preguntaras como di contigo,si ,cai en paracaídas buscando inútilmente la inexistente biografia de esa diosa llamada Martine Audo,la poseedora de esas dos tetas descomunales,titanicas,herculeas,esas tetas que hacen que la vida fluya,esas que recuerdas una vez haberlas tenido y que sabes,como gato que eres,que nunca volverán,pero te relames retocediendo en el tiempo,cuando si,una vez ,unas tetas parecidas,fueron tuyas.
    Bueno,un saludo y a seguir asi de grande.
    P.D:Me identifico en grado sumo contigo,tambien estoy en la octogenaria edad y ma la sopla todo menos mi sillón mi ordenador y mi tele que va a romper todos los record de horas utilizadas...a mis cuarenta y dos primaveras....saludos caesar imperator....

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  3. El Anacoreta me la recomendó un amigo sesentón, muy cinéfilo. un día de cañas que estábamos hablando de desnudos históricos a raíz del despelote de Alexandra Dadario en True Detective. Yo no conocía la película, pero ciertamente mereció la pena. Además de las tetas, el argumento y el trabajo de Fernán Gómez es una gozada. Tiempo después, buceando en internet, descubrí que esta mujer se dedicó a la política francesa, con un partido regionalista-ecologista o algo así. Saludos.

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