Sueño de invierno

Ahora que el frio remite y que en los campos rebrotan los vegetales, sueño con el crudo invierno que tardaré muchos meses en volver a disfrutar. Dentro de nada volverán los calores, los mosquitos, los picores. Los sofocones en el esfuerzo, las irritaciones en la piel, las noches eternas entre las sábanas resudadas...  Todavía no ha terminado del todo, y ya echo de menos el invierno que se podía combatir tan ricamente con un buen cocido y un buen abrigo.

            Es por eso que hoy, en pleno ataque de melancolía, decido ver la película turca Sueño de invierno, porque hay veces que la realidad y la ficción establecen una conexión que no puede ser casual, que está regida por algún dios que trata de decirme cosas, de revelarme un camino o un destino. Sueño de invierno, además, ha recibido la Palma de Oro en el festival de Cannes, y su director, Nuri Bilge Ceylan, es un tipo que en este blog ha dejado su huella y su debate, capaz de helarte el alma con una conversación de altísima enjundia y luego dejarte dormido con un plano sostenido del infinito anatolio. La película está rodada en Uchisar, que es un pueblo pintoresco perdido en la Capadocia. Allí la gente sigue viviendo en las antiguas cuevas de los trogloditas, como Picapiedras y Mármoles de los tiempos modernos, aunque por dentro estén adecentadas como cualquier piso de vecino, con su televisión, su conexión a internet, su frigorífico para las viandas. Los turcos del vecindario tampoco conducen troncomóviles, sino todoterrenos que los ayudan a sortear los caminos embarrados y nevados. Con ellos se trasladan a la estación de tren que de vez en cuando, muy de vez en cuando, los acerca a Estambul para realizar los trámites administrativos, o para sacar a cenar a la mujer, el día del fatídico aniversario.




            Aydin es el dueño del único hotel del paraíso, un actor ya retirado que vive del negocio turístico y del arrendamiento de sus múltiples propiedades. Aydin se levanta por las mañanas, saluda a los clientes, administra cuatro asuntos banales y se encierra en su cueva a escribir los artículos de opinión. Es la vida exacta que uno quisiera haber llevado, de rentista, en un pueblo perdido, con todo el tiempo del mundo para escribir las tonterías y ejercitar los músculos del caminar. Vivir, por fin, lejos del mundanal ruido, rodeado de perros, y de tenderos que me sirvan los productos con un buenos días o un buenas tardes. Quedo tan fascinado por la vida sencilla pero inalcanzable de este hombre, que ya no me asaltan los sueños de invierno, sino los sueños de escritor, que tenía dominados desde hace tiempo, rendido ya a mi destino. Hoy mismo, antes de ver la película, he tenido que ir al trabajo improductivo, cocinar los alimentos, barrer el suelo, fregar los cacharros, acompañar al hijo, hacer los recados, responder al correo, descolgar la llamada imperiosa de un familiar... En el tiempo que yo pierdo en todo esto, Aydin, el turco suertudo, ya le ha dado mil vueltas a su artículo, y ha salido a caminar por los preciosos montes de su pueblo a respirar el aire puro. Ya decía Michel Houellebecq que vivir y escribir eran dos oficios incompatibles. Y en esas estamos.



            Pero ay, de Aydin, porque en su casa ha encontrado cobijo una hermana divorciada que todo se lo cuestiona, que todo se lo critica, y que una mala noche, despanzurrada en el sofá mientras él escribe, se atreve a poner en cuestión esa vida idílica de escribano anacoreta:

Necla: No sé, te veo teclear toda la semana en tu ordenador, y me digo, si tú no me mostraras este diario, yo ni sabría que existe.
Aydin: Mi reino es pequeño, pero al menos, soy rey.
Necla: ¿Pero quién lee ese diario?
Aydin: Lo siento, mi querida Necla, pero no estoy de acuerdo. Para nada. A veces recibo cartas de lectores que me reconfortan en lo que hago. A pesar de todas las molestias que me tomo, como tú dices. Pienso que vale la pena. Por ejemplo, ayer…

Necla: Sí, a veces, en Internet, veo muy malos autores llevados en volandas. Todo el mundo tiene su pequeño club de admiradores. No hay que tomarse eso en serio. En todo caso, no puede ser una referencia para ti. 


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