Fish Tank

       

          Fish Tank es el retrato de una adolescente del arrabal londinense, allá donde el Támesis busca ya su desembocadura en el mar. Mia es una choni de la Gran Bretaña que vive en pisos de protección oficial y sueña con ser bailarina de rap. Viste sudaderas con capucha, joyerío excesivo, maquillajes desordenados de la señorita Pepis. Hija de madre soltera y alumna ausente del instituto, vive pendiente de su ingreso en un reformatorio, aunque en el subtítulo de la película, quizá por desconocimiento, quizá porque en Latinoamérica los llaman así, dicen colegio de Educación Especial, que es una cosa muy distinta. Porque Mia, aunque sea una chica problemática y proclive a los excesos, con un lenguaje verbal de veinte tacos por minuto, no tiene ni un pelo de tonta. En el ecosistema que la ha tocado vivir, ella se desenvuelve con el instinto de un animal muy perspicaz. Una superviviente nata que no se doblegará por muchas hostias que le depare el destino, de las psicológicas, y de las físicas también.



            Resumida así, Fish Tank parecería una película de Ken Loach, con su adolescente envuelta en la problemática social de los barrios empobrecidos. Pero esta mujer que escribe y dirige el cotarro, Andrea Arnold, prefiere dejar la denuncia social como telón de fondo, y seguir cámara en mano las tribulaciones amorosas de esta vivaracha deslenguada. Una opción muy respetable que además produce una película extraña y obsesiva, como de los hermanos Dardenne.  Pero uno, qué quieren qué les diga, piensa igual que los viejos revolucionarios de Rusia, que vieron en el cine un poderoso instrumento de propaganda ideológica. Y en esta batalla presente de los ricos contra los pobres, que los parias vamos perdiendo por goleada, uno cree que películas como Fish Tank son oportunidades desaprovechadas. Loach se sirve de sus personajes para hacer lucha política, y aunque muchos llamen a eso oportunismo o manipulación,  a mí la intención me parece cojonuda, si con eso conseguimos que algún espectador tome conciencia y se repiense el voto en la mañana decisiva de las elecciones. Esto que yo denuncio en Fish Tank a otros críticos les parece cojonudo, y aprovechan su columna en los periódicos de derechas para lanzarle una puya a la mosca cojonera. Dice el crítico de cine de La Razón: “Fish Tank es como una película de Loach, pero bien hecha”. Mentira: es tan buena como una película de Ken Loach, pero sin su carga explosiva. Y eso es, realmente, lo que él celebra.


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