La boda de Rachel

Hubo un tiempo, allá por los finales del siglo XX y principios del XXI, que la cartelera se llenó de películas que llevaban la palabra "boda" en el título. Todo empezó, creo recordar, con aquella petardada de La boda de Muriel, que vino de Australia para iniciar la plaga de la tontuna mundial. Muriel era una mujer fea, gorda, también algo mema, creo recordar, pero su historia cautivó a millones de espectadoras del ancho mundo. Quizá porque la mayoría también son feas, y gordas, y bastante memas. Los americanos tomaron rápida nota del éxito, y comprendieron que ahí, en el ecosistema de la ceremonia nupcial, había un negocio que había que reflotar, un filón de dólares que nadie había vuelto a explotar desde los tiempos de Elizabeth Taylor y Spencer Tracy en El padre de la novia. La boda como expresión del amor, del orden social, del mandato de Dios. La boda como fiesta de vestidos blancos y besos virginales que puede cortarse con un casto The End justo antes de que llegue el desnudo y la ruptura del himen, para resoplido agradecido de los buenos cristianos. Yo conozco mujeres -y no es broma- que aún piensan que las bodas terminan ahí, en el baile del vals, en la entrega de sobres con dinero, y no en la cama del hotel, a altas horas de la madrugada, con el marido impaciente y borracho afanándose dentro de la vagina.




            En aquel magma infecto flotaba una película que casi pasó desapercibida para estas petardas obsesionadas con el casorio. La boda de Rachel sólo engañó a las espectadoras del primer fin de semana, que quizá la confundieron con un remake americano de La boda de Muriel, pues los títulos eran casi calcados, y además rimados. Salía, además, en el primer plano del póster promocional, el rostro desvalido y hermoso de Anne Hathaway, la niña princesa de Hollywood, y con esa pista tan obvia no había confusión posible. Pero las pioneras de la platea, boquiabiertas y decepcionadas, pronto corrieron la voz crítica entre sus amigas y vecinas. Para empezar, la tal Rachel del título no era Anne, sino su hermana en la ficción, Rosemarie DeWitt, una mujeraza que siendo bellísima tiene nariz de harpía y mirada demasiado inteligente. Una vez recompuestas del engaño, las espectadoras pensaron que en el fondo daba lo mismo, que lo importante es que había novia enamorada, y maromo marioneta, y jardín idílico, y catering preparado, y flores de cien colores exquisitamente seleccionadas por la tropa femenina. Pero la película de Jonathan Demme era diferente a las demás, impermeable a la simpleza y al trazo grueso. Los personajes de La boda de Rachel, aunque estén celebrando una fiesta que llega a buen puerto entre sonrisas y lágrimas, viven traspasados por la melancolía, por la ambivalencia de los sentimientos. Como sucede en la vida real, y no en las películas de cuento infantil, las personas que se aman también se odian en secreto, porque hay cosas que se olvidan pero no se perdonan, y cosas que se perdonan pero no se olvidan. Quedan resquemores de la infancia, encontronazos de la adultez, envidias cochinas y asuntos sin resolver. Queda la vida, monda y lironda, con toda su crudeza, y toda su belleza. En La boda de Rachel hay boda con amor, pero no hay felicidad exultante, ni levitaciones de la novia, ni trascendencias que vayan más allá de  establecerse en un nuevo marco legal. A la mañana siguiente, en uno de los mejores finales del cine moderno, la vida sigue, en lo bueno y en lo malo, aunque ahora sea con un anillo en el dedo corazón. A las bobaliconas del ancho mundo la película les pareció una estafa.


3 comentarios:

  1. Cuanto daño han hecho disney las comedias románticas y el hijoputa de coelho cuántos hombres han sufrido y sufren el escrutinio de estas prinesas de pacotilla k creen k ryan gosling vendrá en un ferrari a por ellas sólo por el hecho de ser mujer en fin ya se dan cuenta a partir de los 40 cuando son invisibles para loa hombres gosling no ha venido y ni sus gatos les hacen caso

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  2. Tienes razón. ¡Pero ojo!: a veces nos pasa lo mismo a nosotros, con las Charlize Theron del vecindario, que pasan los años y tampoco llegan.

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    1. Difiero totalmente y mas en spainvya que con que sea un 5 fidicamente nos vale el problema k si veo es k muchos tíos ya ni lo intentan debido a lo bordes y súperficiales k son estas tipas lo cual es un error porque como dice el señor tarres hay que jugar siempre

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