Kiss kiss bang bang

Hace unos días, en el correo electrónico, recibí una lista de "películas imprescindibles pero desconocidas" que me enviaba un familiar preocupado por mi cinefilia. Un crítico de la prensa balear había confeccionado un ranking de películas bizarras que circulaban con buenas notas por los foros de internet. De las treinta y cuatro extravagancias que componían el menú, uno, que se precia de ser un entendido, apenas conocía la mitad.Había mucho chino haciendo kung-fu, mucho europeo durmiendo a las ovejas, mucho americano cortando cabezas con la motosierra. Frikadas, que no rarezas. Pero había, también, un puñado de títulos que tenían muy buena pinta, cosas de la ciencia ficción o de la comedia descojonante que yo nunca había subrayado en las revistas, ni apuntado en las libretas, y que ahora, con un retraso imperdonable de años, he colocado en el montón de los Próximos Estrenos, para cuando mis bucaneros se hagan de nuevo a la mar. Soy un chiquilicuatre al que la casualidad dotó de unas gafas de pasta que engañan mucho al personal.



            Entre las diecisiete películas conocidas figuraba Kiss kiss bang bang, una comedia de detectives que juro haber visto hace unos años, pero de la que no recordaba ni un solo argumento, ni un solo fotograma. Picado por el orgullo la he vuelto a ver esta noche, que ha sido, por añadidura, la primera noche del invierno, con el vaho en la ventana y la calefacción puesta a todo trapo. Una ocasión especial que otros años celebraba con una obra maestra, o con una película de postín, para darle la bienvenida a los pijamas gruesos y a las sopas calientes, que son el atrezo básico del buen cinéfilo apoltronado en el sofá. Este año, sin embargo, el frío ha venido de improviso, indetectado por los telediarios, a eso de las nueve y media de la noche, como quien recibe la visita de un familiar que no nos anunció su llegada. He visto Kiss kiss bang bang sin ponerme las mejores galas, ni cocinarme el menú más apropiado, y eso ya me ha dejado algo descolocado. Al final, ha resultado ser una patochada con cierta gracia, nada más. Una de esas moderneces en las que el personaje principal habla directamente con el espectador para preguntarle qué tal le va, a ver si se va coscando de la trama, o si le parece que  tendrá alguna posibilidad de follar con la chica de turno. 



            El narrador excéntrico es Robert Downey Jr., que es un tipo de expresividad peculiar que siempre cae bien en cualquier película. Por muy mala que sea la función, siempre está él, subiendo la nota, animando la fiesta, poniendo un mohín de ironía o de cachondeo. La chica de turno es Michelle Monaghan, y yo, incomprensiblemente, no la recordaba, porque mira que es guapa esta mujer, con esa cara de niña, con esas piernas kilométricas, con esos pechos pequeños pero rotundos que son como de muñeca Barbie, perfectos en su escala, diseñados para caber exactamente en la palma de una mano. Me vuelve muy loco, Michelle Monaghan, como tantas otras mujeres a las que dedico piropos en este blog, que hace tiempo dejó de versar sobre cine para convertirse en el diario romántico y lúbrico de un adolescente pajillero. Michelle Monaghan casi me funde la pantalla cuando aparece por primera vez en Kiss kiss bang bang, porque mi televisor es HD, pero no Full HD, que todavía no se habían inventado cuando lo compré, o estaban carísimos por la época, y no tengo píxeles suficientes para recoger tanta hermosura y tanta sonrisa. Mi escuálido ejército de puntitos no daba abasto para configurar su piel y su carne, y por un momento la imagen tembló, y los píxeles titubearon, y Michelle Monaghan casi desapareció de mi vida, en una pérdida irremediable.  Demasiada mujer para tan cavernícola tecnología. 


2 comentarios:

  1. Oye podías poner la lista de películas como respuesta a este comentario esta me suena de haberla visto creo que era historia tipo el caso alevín con humor negro y final sorpresa

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  2. http://lavozdelmuro.net/34-peliculas-buenas-que-quizas-pasaste-por-alto-y-que-deberias-ver/

    Vuestros deseos son órdenes para mí.

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