Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

Guillaume y los chicos, ¡a la mesa! es una extravagancia francesa imposible de definir en estas páginas. Guillaume Gallienne, que es el creador y director de esta función, cuenta, en lo que supongo que es un relato autobiográfico (y digo supongo porque no sé leer la Wikipedia en francés) su tránsito tragicómico por una homosexualidad adolescente que él creía incuestionable, con burlas en los internados y humillaciones sangrantes en los vestuarios, hasta que se enamoró perdidamente de una  mujer y sus esquemas sexuales se vinieron abajo. 



            Pero ojo: Guillaume y los chicos no es la parábola de un sodomita arrepentido que un buen día, cabalgando sobre su amante, vio a Jesucristo proyectado sobre la pared y se cayó de la cama con el gusto ya virado hacia las mujeres que procrean. No es la fábula moral de un julandrón que se salvó por los pelos del pubis de caer en las llamas del infierno. Les aseguro que Guillaume y los chicos nunca será proyectada en 13 TV, o en el canal ultracentrista que lo suceda en la batalla por el poder. Guillaume Gallienne, en su película,  juguetea con su homosexualidad sin ningún tipo de rubor. Lo que ocurre es que él mismo no tiene muy claro si se trata de una preferencia libremente desarrollada, o si finge ser gay por agradar a su madre, que es una mujer muy dominante que no quisiera compartir a su chiquitín con ninguna otra rival. La película es una mezcla muy particular de excéntrica mariconada con tratamiento psiquiátrico del complejo de Edipo. Podría haber sido un drama de aúpa, si Gallienne hubiese enfocado el asunto como un relato amargo, como una denuncia dramática de la homofobia y la incomprensión. Pero este tío, al parecer, es un cachondo mental, y ha preferido reírse de quienes no le entendían al mismo tiempo que se reía de sí mismo. La película es demasiado extraña y particular para resultar redonda, pero él, Guillaume, el personaje, y él, Guillaume, el autor, bien merecen el ratito.

2 comentarios:

  1. Fue una decepción para mí... y pagué por verla en el cine... Menudo pastiche.

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  2. Guillaume y los chicos es una rareza, y como rareza, lo mismo te cae en gracia que te desespera. Te entiendo perfectamente. Yo la cogí por el lado erótico-festivo y me eché unas risas. Pero es excesiva, alocada, irregular.

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