Un idiota de viaje. Jordania

Ante las ruinas de Petra, Karl Pilkington, en Un idiota de viaje, lanza una reflexión a medio camino entre la filosofía y la tontería. Porque él es así: medio bobo y medio genio. Un tipo peculiar, inclasificable, al que Gervais y Merchant han convertido en el nuevo rey de la comedia en este salón:
            “Y era más fácil inventar cosas en aquella época, porque no había nada más. Cualquier cosa que necesitaban, lo inventaban. Quiero secarme las manos. Me acabo de lavar las manos. Invento una toalla. Todo, cualquier cosa. Es muy difícil comer esta sopa. ¡Cuchara! ¿Entiendes lo que quiero decir? No puedes… Piensa en algo ahora. Intenta inventar algo ahora, algo que necesitas ahora. Se me ocurrió hacer una tostadora transparente. Ya sabes, porque siempre estás haciendo eso. Piensas: ¿estará lista? Y no dejas de apretar el botón para ver si están hechas y acabas rompiéndolo porque lo has forzado. ¡Una tostadora transparente! Lo busqué en internet y ya estaba inventado”.
           


           Minutos más tarde, ante una las grandes puertas labradas por los nabateos en la roca, Karl Pilkington deja la comedia por unos momentos y nos sorprende con esta aguda reflexión sobre la fealdad y la belleza:

            “Es mejor vivir en el agujero, viendo el palacio, que vivir en el palacio viendo el agujero, ¿no? Rick y Steve podrán decir que soy idiota, pero creo que he demostrado lo que dije. Pero no hablaba sólo de edificios. De la vida, en general. Incluso entre una persona guapa y otra fea. De alguna manera, es mejor ser la persona fea que aprecia las cosas bonitas. Miras a las personas más guapas. Da igual que seas feo. En cualquier caso, ¿cuántas veces te miras a ti mismo? Es lo mismo. Sé el feo, mira al guapo”. 


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