Somewhere

Intuyo que Sofía Coppola sabe muy bien de lo que habla cuando nos cuenta la vida de un actor millonario de Hollywood. No sé si ella ha vivido una circunstancia parecida a esta de la película,  pero a buen seguro que conoce a varios personajes como este Johnny Marco de Somewhere, actor de éxito y guaperas, divorciado y abúlico, que malgasta su tiempo libre en vicios que no le conducen a ningún lado, a ninguna certeza. Dijo una vez George Best, el delantero mítico del Manchester United: “Gasté mucho dinero en mujeres, alcohol y coches. El resto lo malgasté”. El personaje de Johnny Marco también frecuenta mujeres de infarto con las que folla alegremente, pero a las que luego no reconoce cuando se las encuentra en los saraos. También vive con un botellín de cerveza pegado a la mano desde que se levanta, y que sólo suelta para coger vasos con el mejor whisky que sirven en los locales exclusivos. Intuimos que Johnny Marco, como George Best, también dilapida sus millones en la compra compulsiva de automóviles de alta gama, aunque en la película siempre le veamos conduciendo el mismo Ferrari de color negro, un coche que viene a ser una metáfora motorizada de su vida, pues todos sus viajes, aunque el motor brame impetuoso y joven, terminan siendo erráticos y circulares.




 A medio metraje, cuando la película ya nos ha mostrado la vida de este homínido millonario, aparece el personaje de Cleo, la hija de Johnny, para poner un sol en su vida, y un sentido a tanto dislate de sexo, drogas y rock and roll. Cleo es la hija de un matrimonio fracasado que  siempre vive con su madre, pero que ahora tendrá que pasar varios días con su padre en las vacaciones escolares. De pronto vemos que la sonrisa de Johnny es otra más franca y radiante. Tenía a Cleo olvidada, aparcada en el garaje junto a los otros coches, pero ahora ha recordado que además de actor  también es padre, y que tal vez esté ahí el quid de la cuestión, el faro que le servirá para poner rumbo y salir del oleaje nocturno. 
 Uno, aunque pobre y provinciano, comprende a Johnny Marco, y simpatiza con su desdicha personal, pero es difícil extrapolar su historia a la de otros espectadores rasos. Cleo, a la que interpreta esa actriz infantil y prodigiosa llamada Elle Fanning, es una niña ejemplar que estudia sus asignaturas, lee novelas de vampiros y prepara sofisticados desayunos en la cocina. Patina como los ángeles, se desenvuelve en sociedad, es inteligente y perspicaz, educada y limpia. Jamás saldrá dando pol culo en Supernanny, llamando hijoputa a su padre porque le ha quitado el móvil mientras cenaba, o estrellando los platos contra el suelo cada vez que tocaba comer verdura. Cleo es un primor, y su padre encuentra en ella un orgullo y una satisfacción, como si se apellidara de Borbón y Grecia. Otros padres no han tenido tanta suerte, y más que un faro en la vida, los hijos se han convertido en una carga de preocupaciones. No la salvación de una vida viciosa, sino la causa de perseverar en ella.


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