Las ventajas de ser un marginado

Tenía que haber desconfiado de una película que lleva por título Las ventajas de ser un marginado. Porque ser un marginado, obviamente, no acarrea ninguna ventaja. Lo que pasa es que me habían  hablado muy bien de esta película, otro retrato generacional de los que fuimos adolescentes allá por los años ochenta, y que también grabábamos canciones en  cintas de casete que eran testimonios musicales de nuestra personalidad. Juntábamos unas cuantas churras con unas cuentas merinas y luego nos intercambiábamos los experimentos, para que los amigos, o las chavalas, pudieran atisbar el fondo de nuestras almas, que en el trato personal de la carne siempre quedaban ocultas tras el acné y la timidez. A mí, indeciso en lo musical como en todo lo demás, salvo en mi amor por las pelirrojas, y por el Real Madrid de Butragueño, me salían unas cintas que en realidad no me definían, porque yo allí ponía de todo, desde rock duro hasta reggae, desde Mecano hasta Bruce Springsteen, y los conocidos, cuando descubrían el cacao musical que se agitaba en mi cabeza, no lograban ubicarme en ningún grupo, ni en ninguna tribu, y no me marginaban, pero se partían de la risa. 




            Me vendieron muy bien, la película del marginado, con el rollo de que el protagonista es un chaval de dieciséis años que quiere ser escritor y busca novia desesperadamente en el instituto. Y quién de entre nosotros no quería ser escritor a esa edad, y no buscaba desesperado su primer beso, con la cara de tontaina y el trauma en la cabeza. El problema de Las ventajas de ser un marginado es que este chico, aunque vaya de sufridor por la vida, acaba calzándose a dos chavalas de  mucho tronío (una de ellas la dulce Emma Watson), y eso no tiene cabida en una película que supuestamente hablaba de la soledad y la congoja. Uno buscaba la identificación con el protagonista y recibió la bofetada del macho triunfante. Al final resultó ser un título irónico, lo del marginado, pues el gachó pasa de ser  oruga a mariposa y sobrevuela como fucker habitual los guateques del viernes por la noche. Marginación fue lo nuestro, no te jode, en el instituto de los curas, que nos pasábamos la vida estudiando, y escribiendo poesías de mala calidad, y soñando con chavalas que siempre fueron inalcanzables, porque ellas, a los marginados que escuchaban a los cantautores, no les concedían ni una sola oportunidad, ni una sola ventaja. No como en las películas que hablan de California, y de los californianos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com