Freaks and Geeks. Los ochentera chavalada

A uno le gusta Freaks and Geeks porque siente una cercanía generacional con estos chavales que sobreviven en los primeros años 80. Estos geeks  que  se mueven torpemente por la vida  se parecen mucho al adolescente que yo mismo fui cinco años más tarde.  Guardamos, incluso, un parecido físico, pues los chavales de antes madurábamos más tarde, y la cara de lelos y las mandíbulas lampiñas nos duraban  mucho más tiempo. Parecíamos, y éramos, unos gilipollas integrales. Los adolescentes de ahora crecen más rápido, y mucho mejor, gracias al yogur desnatado y a la carne hormonada de los supermercados. Queman etapas en un santiamén, y pasan de ser niños a pequeños hombres en apenas unos meses, sabihondos y desenvueltos, resabiados y algo chuletas.

             

            En Freaks and Geeks, Sam Weir y sus amigos hablan de los mismos temas que nos obsesionaban a nosotros: de Star Wars, de combates entre superhéroes, de dudas sexuales que provocarían la carcajada entre los  adolescentes del siglo XXI. Yo mismo pensaba, en los albores de mi sexualidad, que la vagina era un conducto de entrada frontal, situada algo por debajo del ombligo, y que el amor, por tanto, siempre era un enfrentamiento frontal, no diagonal y angulado como luego descubrí. Toda una metáfora, me ha salido. En Freaks and Geeks, como en nuestra vida de entonces, la tecnología más avanzada es el televisor en color, y la lavadora automática. No existe internet, ni twitter, ni PlayStation.  La vida transcurría en las calles, topando con las chicas que uno soñaba, o recorriendo los parques en bicicleta. Las películas las veíamos en la tele cochambrosa, o en el cine abarrotado, y tuvimos que esperar varios años a que los VHS bajaran de precio para poder comprarnos uno, y hacernos socios del videoclub de la esquina, para rescatar los grandes clásicos, pescar las novedades que nunca estaban,  deslizar alguna guarrería en el sandwich cinéfilo de las películas decentes. Son cosas que no le cuento a mi hijo porque se partiría el culo de risa, y me perdería el poco respeto que todavía me guarda. Le he animado a que vea Freaks and Geeks conmigo, para que comprenda de dónde vengo, y a dónde voy, y cuánto ha cambiado el mundo desde entonces. Pero la serie, aquí en España, sólo está disponible con subtítulos, y los subtítulos son lectura para mi hijo, esfuerzo escolar, materia evaluable. Él desciende de la LOGSE y de sus hijas putativas. Yo me críe en la EGB, que en comparación con  lo de ahora fue como hacer una mili. Aunque éramos medio imbéciles, sobrevivimos a la tempestad. No teníamos nada, sólo tiempo, y un balón de reglamento.


2 comentarios:

  1. Lo has bordado chaval. Qué tiempos aquellos...

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  2. Aquellos asquerosos años, que no maravillosos, como decía la serie.

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