Elysium

Elysium es la ciudad espacial que los ricachones del mundo se construirán allá por el siglo XXII para huir de la ruina planetaria. Mientras los pobres se apretujan en ciudades superpobladas rodeadas de basura, porque ha triunfado en todo el orbe la doctrina Gallardón, y las mujeres paren como conejas y tienen prohibido abortar, ellos, los afortunados que escaparon del hacinamiento, disfrutan de sus piscinas climatizadas y de sus campos de golf gracias a los paneles solares que convierten Elysium en un vergel. Viven en el paraíso verdadero que a los terrícolas sólo les prometen desde los púlpitos, y nunca les dan.



            La chusma que trata de alcanzar Elysium en naves patera no es recibida por la Cruz Roja con un bocadillo y una manta, sino a tiro limpio, con rayos láser y torpedos atómicos que desperdigan los cadáveres y la chatarra por la estratosfera. En Elysium se gastan una fortuna en armamento, y también en servicios de limpieza. Los impuestos son altísimos, pero ellos, que tienen el dinero por castigo, se lo pueden permitir. En el mundo del futuro, los ricachones ya no se andan con chiquitas cuando los proletarios envidiosos se asoman a las vallas. Antiguamente, en los congresos de las democracias parlamentarias, un oligarca gritaba un "¡Que se jodan!" cuando los pobres perdían un derecho o una pensión, y la prensa izquierdista se lanzaba a la yugular del vociferante. Fue el imperio de lo políticamente correcto, que duró tres telediarios en los inicios del siglo XXI, antes de que las máscaras cayeran al suelo y los financieros cambiaran el mundo para siempre. Tres siglos de movimiento obrero que se quedaron en una simple pataleta que la historia devoró, y que luego, en un eructo sonoro, diluyó en la brisa del nuevo amanecer.


 
            Pero los pobres, aun a riesgo de perder sus vidas, no cejan en su intento de alcanzar Elysium. A la mayoría no les importa morir en el espacio, porque ya viven condenados por una enfermedad mortal que sólo allí, en el paraíso suspendido sobre sus cabezas, serían capaces de sanar. En Elysium, que es el Elíseo tecnológico que soñaron los griegos, todos los hogares cuentan con una unidad médica que lo mismo te reconstruye una cara que te cura el cáncer en un santiamén. En la película no lo explican, pero estas cápsulas tienen pinta de estar pagadas por la Seguridad Social, que en Elysium funciona con eficacia germana y solidaridad escandinava. En la Tierra, en cambio, donde la OMS es gobernada con mano de hierro por un descendiente directo de Fernández-Lasquetty, la sanidad está en manos de cuatro maleantes que se forran escamoteando vendas y denegando tratamientos de urgencia. Lo más que te curan en los hospitales es una gripe, o un rasguño de navaja en la reyerta cotidiana. Les importa una mierda si te mueres, porque la mano de obra es abundante y barata, y van a gastar lo justito en cuidar de tu salud. Si te has quedado, como el personaje de Matt Damon, en un simple currante de la fábrica robotizada y mugrienta, es porque eres un vago, un maleante, y no te mereces que el Estado, o lo poco que queda de él, derroche en ti sus recursos. Ya está bien, hombre. Estas cosas no se podían decir hace un siglo, porque se consideraban bárbaras y poco humanitarias. Pero ahora el mundo es distinto, y los pobres ya conocen su papel, y su destino. En la prehistoria de esta humanidad triunfante que construyó Elysium, los líderes más preclaros sólo confesaban la verdad cuando creían que los micrófonos estaban cerrados, y se montaban grandes follones y discusiones cuando los pillaban. Los tenían por sociópatas, por neandertales del capitalismo. Ahora, en justo homenaje a su memoria, le ponen nombre a las calles, a las fundaciones, a los estadios donde se juega el neofútbol que entretiene los domingos aburridísimos. Porque eso sí que no ha cambiado en el siglo XXII, ni va a cambiar jamás. Ni en la Tierra, donde se juega en campos de ídem por falta de riego, ni en Elysium, donde el césped siempre es verdísimo y huele a jardín de millonario. La eternidad melancólica de un domingo por la tarde es la misma arriba y abajo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad.


           

No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com