True detective. El estreno

Me bastan los primeros veinte minutos de True Detective, la nueva serie qualité de la HBO, para comprender que estoy viviendo algo muy grande. Acaba de nacer, la criatura, que ni el cordón umbilical le han cortado todavía, y ya se nota que lleva sangre azul en las venas, y un destino prometedor en las pantallas.



            True Detective no va a ser, desde luego, el melodrama cansino de Masters of sex. Han vuelto los tipos duros, y las verdades crudas. Vuelve el hombre, como en los anuncios de las colonias. Vuelve, al fin, el silencio. Uno echaba de menos el rumor del viento, el piar de los pájaros, el sonido de los electrodomésticos zumbando en el interior de los apartamentos. En las series con mujeres eso nunca sucede. Ellas hablan, y hablan, y el mundo se detiene para escuchar sus parloteos. True Detective es como entrar en un club nocturno donde se reúnen los hombres a descansar de sus esposas. El silencio se adueña de los ambientes y confiere a sus escenas una pausa reflexiva, misteriosa, muy propia de tipos que prefieren hablar poco y esconder sus sentimientos. Es un mundo sonoro que siento como mío, como si True Detective fuera la prolongación televisiva de mi propio salón, aunque su investigación criminal transcurra en el Cinturón Bíblico de Luisiana, y el crimen sea morrocotudo y perpetrado entre los cañaverales. Los agentes Hart y Cohle sólo hablan cuando les preguntan, o cuando tienen algo muy importante que decir. 





Detective Hart: Pero no eres cristiano. ¿Y en qué crees?
Detective Cohle: Creo en que la gente no debería hablar sobre esta clase de mierda en el trabajo.
Detective Hart: Espera, espera. Hemos estado juntos durante tres meses. No sé nada de ti. Hoy, ya que estamos metidos en esto, sé cortés conmigo, ¿de acuerdo? No intento convertirte.
Detective Cohle: Mira, me considero un hombre realista, pero, en términos filosóficos, soy lo que se llama un pesimista.
Detective Hart: Vale. ¿Eso qué significa?
Detective Cohle: Significa que no se me dan bien las fiestas.
Detective Hart: Déjame decirte una cosa. Tampoco se te dan muy bien lo que no son fiestas.
Detective Cohle: Creo que la conciencia humana fue un paso en falso en la evolución. Nos hemos vuelto demasiado conscientes de nosotros mismos. La naturaleza creó un aspecto de ella separado de sí misma. Somos criaturas que no deberían existir por ley natural.
Detective Hart: Eso suena jodidamente horrible, Rust.
Detective Cohle: Somos cosas que trabajan bajo la ilusión de tener un ser propio, esta acumulación de experiencias sensoriales y sentimientos, programada con la total seguridad de que somos alguien, cuando, de hecho, nadie es nadie.
Detective Hart: Yo no iría por ahí soltando esa mierda, si fuera tú. La gente de aquí no piensa de ese modo. Yo no pienso de ese modo.
Detective Cohle: Creo que lo honorable para las especies es denegar nuestra programación, dejar de reproducirnos, caminar de la mano hacia la extinción. Una última noche, hermanos y hermanas, excluyéndonos voluntariamente de un contrato injusto.
Detective Hart:¿Entonces para qué nos levantamos cada mañana?
Detective Cohle: Me digo a mí mismo que para dar testimonio, pero la respuesta correcta es que estoy obviamente programado para ello, y que carezco de la capacidad de suicidarme.
Detective Hart: Qué suerte. Hoy me propuse lograr conocerte... Tres meses, no oigo ni una palabra de ti, y...
Detective Cohle: Lo pediste
Detective Hart: Sí. Y ahora te ruego que te calles de una puta vez.




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