Código fuente.

Rescato del légamo esta película que lleva por título Código fuente. Promete una hora y media de eficaz anestesia con el argumento del viaje al pasado, la misión antiterrorista y el rostro angelical de Michelle Monaghan rogando por su vida. Ciencia ficción aderezada con explosiones y mujeres deseables. Un menú de la casa para este paladar mío tan poco sofisticado. 

De primero: sopa de...
De segundo: patatas con...
De postre: fruta del tiempo,
pan, gaseosa y vino peleón.

            Así cantaba Riki López al menú del bar Rambo. Así imaginaba yo Código fuente, alimenticia y simple, con una presentación de sopa, un nudo de patatas y un desenlace de naranja sobre plato de postre. Y la verdad es que íbamos muy bien,  pero  luego, en el segundo plato, al cocinero le da un ataque de chef, y el menú de barrio se nos convierte en alta cocina pretenciosa, y donde sólo había intriga y explosiones aparecen los sentimientos y los valores patrióticos. La ciencia ficción que nos habían prometido sólo era el excipiente de este jarabe rosáceo y urticante. Una nueva lección de valores, bah... Una gran decepción, Código fuente. Y lo que te rondaré, morena.



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