Sympathy for Lady Vengeance

Con Sympathy for Lady Vengeance termina la llamada Trilogía de la Venganza del director coreano Park Chan Wook (¿o era Wook Park Chan?). En esta tercera entrega, para introducir una variante que nos libre del tedio, será una mujer la que vengue sus trece años de cárcel por un delito que no cometió. Este personaje femenino, al igual que los protagonistas anteriores, también maneja con soltura los cuchillos y los puñales, pero sólo en ocasiones especiales. Nada que ver con sus antecesores en el cargo, que cercenaban venas y arterias a troche y moche, y siempre acababan llevando las ropas ensangrentadas a la lavandería. Como era de esperar, la venganza de Lady Vengeance es mucho más sutil y sofisticada que una morcillada de sangre coreana. Antes del destrozo físico de su víctima, ella planeará cuidadosamente su destrozo moral. Puestas a cobrarse justicia, las mujeres son seres terribles, diseñadoras pacientes, y ejecutoras implacables. Como decía Álex de la Iglesia el otro día, " las mujeres son cada vez más malas, más perversas y más inteligentes". 

             Mientras veía la película, he recordado aquellas palabras que pronunciaba un personaje de La carta esférica, la novela de Pérez Reverte, y que aquí transcribo:

             "Imagínate un reloj... Un reloj que sea preciso detener. Tú y yo lo pararíamos como cualquier hombre: dándole martillazos. La mujer no. Cuando tiene la oportunidad, lo que hace es desmontarte pieza a pieza. Sacarlo todo a la luz, de modo que nadie vuelva a ser capaz de recomponerlo. Que no vuelva a dar la hora jamás... Por Dios. Las he visto... Sí. Desmontan para siempre el mecanismo de hombres hechos y derechos con un gesto, una mirada o una simple palabra [...] Ellas te matan y sigues andando y no sabes que estás muerto".
          


            







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