El ala oeste de la Casa Blanca. La hija de Leo

Se pasea por El ala oeste de la Casa Blanca una actriz llamada Allison Smith cuya belleza, apabullante, pelirroja, de una piel tan blanca como el mármol, me eriza el vello de los brazos y me deja mudo de la impresión. Interpreta a Mallory O'Brien, la hija de Leo. Mallory sale muy poco, en episodios muy escogidos, porque en estos guiones poco importan las vidas personales de los personajes, y sí mucho el ajetreo diario de sus despachos. El foco está en las negociaciones, en las trapacerías, en los duelos dialécticos, y los sentimientos sólo son pinceladas muy finas que vienen a recordarnos, de tanto en tanto, que el equipo de Bartlet lo conforman hombres y mujeres, y no robots que dirigen los destinos ficticios de América. 



    Sin embargo, cuando aparece en acción Allison Smith, casi siempre para reprocharle algo a su padre, o para incitar sexualmente al tontorro de Rob Lowe, uno preferiría que la serie se quedará ahí para siempre, en su vida de niña pija, con sus clases de tenis y sus cenas en los restaurantes. Con su apartamento en Manhattan y su mansión en Martha's Vineyard. Con sus novios y sus langostas, sus diamantes y sus palos de golf. Uno, enamorado, subyugado, perdido el oremus, votaría porque le dieran una serie entera a su personaje, un spin-off en el que Bartlet y su tropa sólo fueran invitados ocasionales que asomaran la jeta de vez en cuando, y ella, Mallory, Allison, fuera la protagonista absoluta del cotarro.


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