La tele que me parió

 Leo, en La tele que me parió, este recuerdo infantil de Pepe Colubi, que es también mi recuerdo. El recuerdo, seguramente, de toda nuestra generación.
Cuando todavía estaba en la EGB, lo más parecido a un colocón lisérgico que podía experimentar era la alegría que me producía la llegada del viernes. No exagero, magnifico o idealizo aquel momento; la última hora de clase de la semana me producía un estado de ansiedad positiva, de rabia contenida y de felicidad suprema que no he vuelto a sentir ni de lejos. El motivo más inmediato para disfrutar de tal zozobra era la sabrosa idea de no tener que madrugar al día siguiente después de cinco terribles dianas consecutivas durante la semana académica. Madrugar es uno de los hechos más deleznables e inadmisibles que se ha impuesto el ser humano; una obligación a todas luces inconstitucional. El segundo motivo de alegría desatada era el de disfrutar de un montón de televisión durante aquella noche y los dos días siguientes (¡y pensar que sólo tenía una cadena!)...”



      

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