Celebrity

De Celebrity, erotómano fracasado como soy, sólo recordaba tres escenas de contenido sexual: la lección práctica de felación con el plátano, la orgía del personaje de Leonardo DiCaprio y, por supuesto, los diez minutos sublimes, irrepetibles, la aparición más electrizante que vieron los tiempos, de Charlize Theron, interpretando a la supermodelo sin nombre con polimorfismo sexual.
        Tantas veces he descrito aquí la belleza de las actrices que amo, que yo mismo me canso de repetirme. Lanzarme al retrato de Charlize Theron se me antoja tarea repetitiva, y además imposible, pues haría falta poseer un premio Nobel, o un premio Planeta de los merecidos, para ser capaz de hacerle justicia, desde la última punta del cabello hasta la última uña de su pie. No es sólo una cuestión de vocabulario: habría que hilar una prosa serena, una sintaxis delicada, una cadencia sensual que tejiera las palabras al mismo ritmo que Charlize se mueve como una gata en celo y sonríe. Habría que ajustar la literatura a las tórridas insinuaciones que emanan de cada gesto, de cada palabra, de cada parpadeo suyo, sin caer en lo grotesco, o en lo grosero, porque Charlize es una diosa, y a las diosas se les debe el máximo respeto. Y yo, lamentablemente, carezco del arte, y de la paciencia para imitarlo.



 En esas estaba yo, apesadumbrado por la tarea que me esperaba, excitado y mustio a la vez, cuando, de pronto, el personaje de Kenneth Branagh, aprovechando la fiesta y el alcohol, se lanza a piropear a la supermodelo con un discurso de enamorado patético que me viene de perlas para no trabajar, y limitarme a transcribir estas líneas que suscribo por entero:

Supermodelo: Estás muy callado...
Lee: He..., he estado pensando que tú eres la criatura más preciosa, la más preciosa que jamás he visto. Cada curva de tu cuerpo cumple su promesa. Si el universo significa algo, ahora lo estoy viendo.
Supermodelo: Eres un encanto.
Lee: Tú... tú... tú eres perfecta. ¿Tienes algún defecto? Me encantaría saberlo.
Supermodelo: ¿Físico?
Lee: De cualquier tipo... En fin, eres un milagro, ¿sabes? Yo... yo... yo no suelo babear en la ensalada de mi pareja. No suelo ser así.
Supermodelo: Pues soy... polimorfamente perversa. No es un defecto, sólo es una debilidad.
Lee: Polimorfamente perversa significa...
Supermodelo: Significa que todas las partes de mi cuerpo me dan placer sexual.
Lee: Y eso significa...
Supermodelo: Que todas las partes de mi cuerpo me dan placer erótico.
Lee: ¿Y eso te hace muy sensible?
Supermodelo: Si tocas mis muslos, mis manos, mi cuello... ¡mis rótulas!, me pongo orgásmica.
Lee: ¿Dddd...dónde lo aprendiste?
Supermodelo: Es dionisíaco. Me lo enseñó un griego, y ahora no puedo evitarlo. 



          Tony, exitoso productor del mundo del espectáculo, invita a su reciente novia Robin a participar en una fiesta de los famosos. Apartados, en una esquina del gran salón, cuchichean sobre los pequeños secretos de los artistas:

Tony: ¡Ah!, y saliendo del ascensor veo a un famoso crítico...
Robin: Ése lo reconozco
Tony: Se cargaba todas las películas. Luego se casó con una tetona joven y ahora le encantan todas las películas.



            Robin [Judy Davis] y Lee [Kenneth Branagh] se encuentran por casualidad en el vestíbulo del cine. Hace meses que no se ven, después del divorcio. Lee ha sido saltando de cama a cama sin volver a encontrar el amor. Robin, en cambio, ha encontrado en Tony al hombre de su vida. Es tan feliz que a veces, en la intimidad de sus pensamientos, se siente culpable, y teme que en cualquier momento llegue la desgracia que compense tamaño regalo. Mientras conversan, Lee balbucea al hablar, y la infelicidad se transparenta en su mirada huidiza. Robin, por su parte, sonríe a la vida con todos los músculos de la cara. 

Lee: No sé por qué, pero estás tan radiante...
Robin: Gracias. Es la suerte, Lee.
Lee: En serio
Robin: Da igual todo lo que digan los psiquiatras, o los expertos, o los manuales... En el amor lo que cuenta es la suerte.
Lee: Pues... Supongo.



            Marcial Ruiz Escribano, allá en su pueblecico, sigue asintiendo con la cabeza... El gorrino y la mujer, acertar y no escoger.


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