Life's too short

Warwick Davis es el actor enano (perdón, displásico-espondiloepifisario-congénito) que se ocultaba bajo el felpudo de Wicket, el líder de los Ewoks que acabaron (sic) con el Imperio Galáctico en El Retorno del Jedi. Actor de filmografía extensísima, las nuevas generaciones lo conocerán por su papel de profesor Flitwick en la saga de Harry Potter. En la vida real, Warwick Davis es un actor solicitado, exitoso, al que le sonríe el matrimonio y la bendición de tres retoños. La vida que lo maltrató en su nacimiento parece haberle recompensando la inmensa putada de los genes. 



En Life’s too short, la última sitcom creada por Ricky Gervais y Stephen Merchant, Warwick interpreta al otro Warwick que habita en el universo paralelo del fracaso, un trasunto de sí mismo metepatas y desafortunado. Un personaje tan verosímil, tan bien escrito, tan bien llevado por el pequeño actor, que a veces cuesta distinguir lo real de lo falso,  lo autobiográfico de los esperpéntico. Éste Warwick Davis podría abandonar el mundo de los posibles en cualquier momento, y hacerse carne con sólo dos o tres golpes de mala suerte, y sustituir al Warwick real por un ultracuerpo invasor criado en la vaina alienígena del infortunio.


Life’s too short es una comedia cínica, sangrante, que supura misantropía en cada decisión y en cada chiste.  Ningún personaje sale bien parado: el que no es tonto es estúpido; el que no es egoísta es patético; el que no es rastrero es mezquino. El Warwick Davis virtual tampoco sale favorecido en el retrato. Ya nadie le llama para participar en las grandes películas; su agencia de representación es un negocio a punto de entrar en quiebra; su matrimonio se ha ido pique; su secretaria es tonta del culo; sus representantes artísticos, los mismísimos Gervais y Merchant, no quieren saber nada de él, y siempre lo reciben con el gesto torcido. Life’s too short es un juego de espejos en el que nunca sabes si estás viendo al Warwick  real, que se mueve entre el famoseo como pez en el agua, o al Warwick abandonado por la suerte, que se humilla ante cualquiera para conseguir un mísero contrato. Son dos personajes que se entrecruzan, que a veces se intercambian los papeles, jugando al despiste del espectador. Y uno, complacido, y admirado, agradece con la sonrisa  este ejercicio de autoparodia, siempre tan arriesgado. Un brindis por Warwick. Y otro muy especial por esos dos entrañables hijos de puta, el gordito de la barba, y el larguirucho de las gafas, que tanto me hacen reír a costa de las desgracias ajenas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com