Sueños de seductor

1 Sueños de seductor habría sido un gran título para dar nombre a este diario, porque realmente yo estoy aquí para fantasear con mis amores, y lo demás es verborrea, y tiempos muertos. Pero Woody Allen me lo robó hace más de cuarenta años para titular su comedia de Broadway. Y luego la película.



2 Una de las mejores ideas en la carrera de Allen es el fantasma de Bogart que aquí ayuda a su personaje en las conquistas sexuales, como consejero trasnochado del ligoteo. Impagable la  secuencia en la que ambos tratan de vencer la resistencia de Diane Keaton, borracha en el sofá. Menos mal que, al final, Allan-Allen no le zurra las cuatro bofetadas que le recomendaba Humphrey. 


3 Nancy se quiere divorciar de Allan-Allen y en su lista de reproches figura éste, tan familiar:
-         Lo único que hago contigo es ir al cine
-         Escribo para una revista cinematográfica. Además, a mí me gustan las películas
-      Te gustan las películas porque tú no eres más que un observador de la vida. Pero yo no soy así. Quiero actuar, quiero vivir, quiero participar



4 Una de las imágenes imborrables que pueblan mi pinacoteca cinéfila es la cara de Woody Allen en la penumbra del cine mientras ve el final de Casablanca, en la secuencia inicial de la película. Enamorado de Ingrid Bergman y envidioso de Humphrey Bogart, Woody descuelga el labio, expande las retinas, musita los diálogos. Está atrapado por la magia. Su cuerpo permanece sentado en la butaca, pero su espíritu ha traspasado la pantalla, y el tiempo. El también está en Casablanca, en el aeropuerto cubierto por la niebla, compartiendo el gran amor y la gran tragedia. Un viaje astral como el de Mia Farrow en La Rosa Púrpura de El Cairo, pero en sentido contrario. Así debe de ser también mi rostro en la penumbra del salón, cuando envidio a Don Draper, o me enamoro hasta los huesos de Jessica Chastain. Todo un reflejo.



5 La belleza, una vez más, imposible no mencionarla, de Diane Keaton. Sólo le faltaban unos añitos, y un par de ajustes dramáticos, para pasar a la inmortalidad con Annie Hall.



6 Allan-Allen en el museo de arte, ante el cuadro abstracto, tratando de ligar con la joven bellísima que también lo contempla:

-         ¿Qué vas a hacer el sábado por la noche?
-         Suicidarme
-         ¿Y el viernes por la noche?


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