Lucky Louie 1x01

El primer episodio de Lucky Louie es una obra maestra de las sitcom norteamericanas. Sus treinta minutos de diálogos sin cuartel conforman una clase magistral sobre la guerra de los sexos. Valen por horas enteras de sesudos documentales, de libros gordísimos con estudios enciclopédicos. He llegado a esta serie siguiendo la pista cómica de Louis C. K., ahora que han terminado sus andanzas sexuales -cada vez más surrealistas y tristonas- en Louie. Louis C. K. es un hermano mío de Nueva York al que he conocido hace poco, y al que sin embargo me siento muy unido, pues sus cuitas y sus obsesiones son también las mías. Grosero y gordinflón, cuarentón y fofo, los dos vivimos la misma peripecia mental a orillas –en Invernalia es un decir- del Atlántico. En Lucky Louie me lo encuentro unos años más joven, justo al borde de los cuarenta años que yo ahora tengo, y que son -en horrísono juego de palabras- la cuarentena perpetua de las alegrías inocentes, y de las ilusiones inmaculadas. 



            Louie comparte unos cafés con los amigos del trabajo en un bar de carretera


LOUIE: Estoy de buen humor
AMIGO 1: ¿Por qué?
LOUIE: Kim me dijo que no hiciera planes, porque quiere follar todas las noches de esta semana, hasta el domingo.
AMIGO 1: ¿Cuándo fue la última vez que lo hicisteis?
LOUIE: Hará unos cuatro meses.
AMIGO 1: Espabila, tonto, ella quiere tener otro hijo.
LOUIE: ¿Qué? No, espera un momento. ¿Y tu esposa? ¿También quiere quedar embarazada?
AMIGO 1: No, Tina se ligó las trompas después de nacer Jackie. Así que ahora meto cuando quiero. Sin problemas, ¿sabes?. Pero Kim... puedo verlo en sus ojos. Quiere otro crío. Sólo otro pequeñín, ¿eh?
AMIGO 2: ¿Qué creías, Louie, que se despertó esta mañana y al ver tu verga sucia y pecosa pensó: “Oh, sí, quiero esa tranca dentro de mí”?
LOUIE: Puede.
AMIGO 2: Escucha, capullo, las mujeres son... malas.
LOUIE : Rich, el que tu esposa se divorciara y se quedara con todas tus cosas no significa...
AMIGO 2: Eso fue lo que me abrió los ojos a la verdad. Y la verdad es que las mujeres son poderosas. Son peligrosas. Antes dominaban el mundo, ¿sabes? Los hombres eran esclavos.
AMIGO 1: Vaya retrasado... ¿Cómo van las mujeres a poder dominarnos? Les patearíamos el culo.
AMIGO 2: Sí, pero ya lo ves: las madres mandan, y no vas a levantarle la mano a tu madre.
AMIGO 1: [con cara de pena, y con muy poca convicción] Le pegaré a mi madre. En la cara.
AMIGO 2: [le da una palmada amistosa en la espalda] Ahora puedes. Porque nos rebelamos y... las aplastamos con el patriarcado. Y después borramos todo eso de los libros de historia y empezamos de nuevo. Como en “El Planeta de los Simios”

           
[Esa misma noche, excitado pero cauto, Louie entra en el dormitorio. Kim, su esposa, está leyendo en la cama, con un libro sobre las rodillas]


LOUIE : Hola
KIM: Hola. ¿Esa camiseta es nueva?
-         ¿Qué?
-         Te queda muy bien, puede que estés perdiendo peso. Se te ve muy bien esta noche.
-         [Louie se tiende en la cama] Gracias, es un...
-         [Kim se abalanza sobre él, apasionada]
-         ¡Espera! ¿Por qué haces esto?
-         Quiero tu polla.
-         No, en serio.
-         Sí, necesito esa polla mala.
-         ¿Necesitas mi polla?
-         Sí , es genial.
-         Odias a mi polla desde hace cuatro meses. Ahora la necesitas? ¿Por qué?
-         Olvidé lo estupenda que era y ahora lo he recordado.
-         ¿Quieres quedar embarazada?
-         Sí.
-         Sí, ¿lo ves? [Louie, enfadado, da un salto y abandona la cama]. No quieres mi polla.
-         Sí, quiero quedar embarazada con ella.

A la mañana siguiente, tras el fracaso reproductivo de la noche anterior, Kim trata de excitar a Louie en la cocina del apartamento, arrimándole el cuerpo, rozándole con los pechos, caminando con sensuales contoneos. Se agacha para sacar algo del horno y pone el culo en pompa, orientado hacia Louie.



KIM: Mira, la cocina está sucia, sucia [meneando el culo apretado por los pantalones vaqueros]
LOUIE : Corta.
-         ¿Por qué, te excito?
-         Sí, tonta.
-         [Kim se levanta y le agarra cariñosamente de los huevos] Pues haz algo, puto mariquita.
-         No podemos mantenerlo.
-         Deja de pensar en el dinero, en lo único en lo que debes pensar, es en este pedazo de trasero [y vuelve a agacharse para ofrecérselo]
-         [agachándose a su vez y gritándole al culo de su mujer] ¡No podemos mantenerlo!
-         Sí, háblale, cariño.
-         [Louie se yergue] Mira, me encantaría follarme ese culo...
-         Pues fóllalo
-         Quiero, pero mi polla es demasiado consciente de que tu coño es una ruina financiera.
-         ¿Hablas en serio?
-         Lo siento. Necesito al menos 3000$ depositados y cobrando intereses para que se me ponga dura.       

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