Modern family. El estreno ciclista

Hoy he puesto,  en los bordillos de las aceras, para que me aplaudan y jaleen los pedaleos en la bicicleta estática, a estos peculiares personajes de Modern family, sitcom a la que llevaba meses queriendo hincar el diente. He leído muchas alabanzas sobre ella, y también alguna que otra pulla mordaz. A un lado están los que alaban su valentía moral, y su cinismo poco conservador. Al otro, los que denuncian que tras la supuesta modernidad de su planteamiento se esconde otra bendición sacramental de la familia, financiada por las iglesias protestantes y Vaticano Productions S.A.
De momento, en estos dos primeros episodios, tengo que reconocer que los personajes de Modern family me han caído en gracia. Lo mismo los heterosexuales que los homosexuales. Lo mismo los hombres veteranos del matrimonio que las esposas guapísimas en las que encuentran su solaz y su tormento. Han sido cuarenta minutos de pedaleo intenso y sudoroso, amenizado por las risas que surgían casi en cada diálogo. Son guiones milimétricos que exigen  una atención perpetua, pues los chistes, las maldades o los detalles jocosos saltan de continuo, de cualquier boca, de cualquier escenario, como en esos videojuegos donde paseas con tu revólver por el medio del pueblo vaquero, escrutando con detalle cada ventana, y cada puerta batiente, por las que saldrá el pistolero bigotudo con cara de malo.



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