Red Riding

La trilogía Red Riding, producida por el Channel4 británico, es una adaptación televisiva de las novelas negras de David Peace. Aunque más que negras, estas películas han salido muy grises: del humo de las fábricas, de la neblina persistente, del alma podrida de los seres humanos, que jamás es negra del todo, pues siempre cabe en ella la posibilidad de un remordimiento, y de una contrición.
 Los buenos artesanos, definitivamente, se han mudado a los estudios televisivos. Lo mismo en la Anglosajonia del Norte que en la Anglosajonia de Allende los Mares. Red Riding goza de una ambientación impecable, de una banda sonora acertadísima, de unos actores y actrices en estado de gracia. Y de una historia, la de los asesinatos múltiples y la corrupción policial que todo lo tapa, que te engancha desde el primer minuto y ya no te suelta en los trescientos restantes. Un ciclo de novelas que presumo inquietante, transformado en tres guiones de tronío, enrevesados y llenos de matices. Unas películas que podría haber firmado el mismísimo David Fincher. Y no digo más.



El responsable de la adaptación es un fulano llamado Tony Grisoni al que yo, sin conocerlo, odié intensamente en dos ocasiones, hace años, en aquellos dos bodrios que perpetró junto al Terry Gilliam más disparatado de las películas más inefables: la primera, Miedo y asco en Las Vegas, en la que Johnny Depp y Benicio del Toro recorrían, drogados hasta las cejas, el desierto de Arizona en un viaje sin propósito ni enmienda. La otra, Tideland, escabrosa y cochina, vomitiva y psicótica, que contaba la historia de una niña que se quedaba sin padres y se pudría en la mugre de su casa abandonada. No terminé de ver ninguna de ellas...



El director del tercer Red Riding es Anand Tucker. No creía conocer a este tipo, pero lo busco en internet y descubro, sorprendido, que es el mismo Anand Tucker a quien puse a caldo en este diario hace unos meses, cuando escribí esto sobre Hilary y Jackie:
“Con la biografía atribulada de Mozart, Milos Forman rodó hace tres décadas Amadeus, un clásico intemporal alejado de cualquier cliché de los biopics. Con la vida igualmente atribulada de Jacqueline du Pré, Anand Tucker filma un bodrio de cuarta categoría titulado Hilary y Jackie, sólo comparable a las TV movies con las que Antena 3 rellena su programación vespertina.”


Me he reencontrado, pues, en Red Riding, con dos tipos a los que odié intensamente en su día. Que una vez me robaron lo más precioso que tengo en la vida, que es el tiempo libre que dedico a las películas. Los maldije, y los rehuí. Pero ellos, generosos, han regresado con su –verdadero- talento para compensarme. Ahora, arrepentido, lamento todo lo que les llamé, Que no fue poco, entre lo escrito y lo callado...


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