La conspiración

La conspiración es una película que los más veteranos del vicio ya hemos visto infinidad de veces. El abogado que se enfrenta a la maquinaria corrupta del sistema judicial, cuando todavía es un joven idealista y simplón, es un estereotipo que se repite cada pocos meses en nuestras pantallas. ¿En qué se diferencia La conspiración de Caballero sin espada, de Legítima defensa, de Algunos hombres buenos, de La tapadera (¡otra vez Tom!), de, también, ese resumen demoníaco y paródico del subgénero que es Pactar con el diablo? En poco, la verdad. Sólo cambian los actores y los ropajes, y el delito en cuestión, claro, que es el macguffin irrelevante que permite a los guionistas desplegar la retórica didáctica del héroe solitario. Tan norteamericana ella.



            En esta película dirigida por Robert Redford, el macguffin es el juicio contra quienes conspiraron en el asesinato de Abraham Lincoln. Más allá de la clase de historia, lo que realmente le interesa a Redford es soltarnos la pedagogía, la visión patriótica que él tiene de su propio país. No muy distinta a otros sermones mil veces oídos que hablan de Estados Unidos como una nación de Constitución modélica y democracia ejemplar, líder del mundo y ejemplo de las naciones, aunque luego vengan las personas malas y los intereses oscuros a sembrar el camino de piedras. Cosa que no sé si es verdad o mentira, porque las opiniones están muy encontradas, pero que es lo mismo que diría casi cualquier ciudadano del suyo propio. Con lo cual, la ideología de La conspiración, y de tantas otras peliculas gemelas, americanas o no, se queda en discurso vacío y redundante. ¿O no es acaso España, entre los españoles de bien, la mejor nación del mundo? ¿O no lo es Croacia, entre los croatas bien nacidos?





            Alexis Bledel, en los primeros minutos de La conspiración, iba para seria candidata de reina de mis amores. Pero no ha conseguido desembarazarse, en ningún momento de la película, de esos ropajes decimonónicos, ni de esos peinados de la bisabuela. Otra vez será. Suena, en los mentideros de los jolivudianos, como seria candidata a protagonizar la versión para la gran pantalla de 50 sombras de Grey. Veo sus fotografías de look contempornáeo en internet y casi me caigo para atrás, en la silla de la cafetería, al borde del ridículo más sonrojante. Es de una belleza superlativa, Alexis. Le tengo reservado el trono para la próxima película. La guarrindongada de las 50 sombras, o cualquier otra. 



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